Por: José Fernando Isaza

El invierno

A LOS JINETES DEL APOCALIPSIS —la guerra, el hambre, la muerte (o la peste)— deberían agregarse dos: el de las sequías y el de los inviernos excesivos.

El país está situado en la zona de influencia de los fenómenos de ‘El Niño’ y ‘La Niña’. El primero corresponde a los ciclos de alta temperatura del océano Pacífico, el segundo a los de baja temperatura. En el curso de un año se ha pasado de un fuerte verano en 2010 a un invierno histórico en 2011. Cada fenómeno está dejando su negativo impacto en la actividad del país. Los efectos del invierno son mucho más pronunciados, obligando a centenares de miles de compatriotas a abandonar sus hogares; hoy Colombia es un país de desplazados por causa del confrontamiento armado y de damnificados por causa del invierno.

Los daños se han agravado por el mal manejo ambiental de las cuencas. Los humedales, que son los amortiguadores naturales de las crecientes, se han desecado para usar sus áreas en urbanizaciones o explotaciones agrícolas y ganaderas.

Los límites de las lagunas y ciénagas se han corrido tratando de ganarle área a los espejos de agua, el invierno busca recuperar los límites naturales del agua.

Los jarillones para proteger las explotaciones agrícolas o las áreas construidas no respetan la ronda de invierno de los ríos por el afán egoísta de usurparle la tierra a los cauces.

La deforestación agrava el impacto de las lluvias al reducirse la capacidad de amortiguación de las crecientes. Las especificaciones de las carreteras, para reducir costos, no tienen en cuenta las pendientes de los taludes. Los resultados están a la vista: el país que se integraba mal, con las vías actuales de bajas especificaciones, hoy está prácticamente incomunicado. La expresión del ministro de Transporte —“tenemos un apagón vial”— refleja la precaria situación de la infraestructura carreteable. Merece análisis su propuesta de reconstruir la malla vial con túneles y viaductos que reduzcan el riesgo de derrumbes y destrucción de las bancas.

Con excepción de escandalosos casos de corrupción, ocurridos hace unas décadas, en el sector eléctrico se construyen túneles más largos, las presas resisten los inviernos, lo cual muestra que el problema no es de capacidad de la ingeniería, sino de prácticas irregulares en la contratación vial, como nuevamente se ha destapado.

La actual temporada invernal supera las normales previsiones. En la zona central las lluvias en 2011 son 4,2 veces mayores que el promedio de todos los registros históricos, y se convierten en las mayores precipitaciones desde que se tienen datos pluviométricos. El período teórico de recurrencia de estos niveles de precipitación supera los dos siglos. En Antioquia las lluvias son más de dos veces el promedio histórico. A pesar que ha sido necesario verter agua de los embalses, éstos han mitigado los daños de las inundaciones agua abajo.

Un sistema tarifario diferencial para la energía eléctrica del sector residencial, que promueva el uso de energía eléctrica con preferencia al gas en los períodos de vertimentos, permitiría racionalizar el consumo de las energéticas, cuando el costo marginal del kilovatio hidráulico puede ser nulo.

Sería bueno preguntarse ¿cuánto sufrimiento se hubiera ahorrado si en nuestro ambiental modelo de desarrollo se respetara más la naturaleza?

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

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