Por: Iván Mejía Álvarez

El kamikaze

En su intento de cambiar las estructuras del fútbol colombiano, sobre todo en la parte arbitral, Eduardo Pimentel ha escogido el camino de los kamikazes: vencer o morir. Parece un piloto japonés de la Segunda Guerra, lanzado con su avión en picada sobre el objetivo, no importa que en el intento termine pagando con su vida.

Pimentel tiene algunas razones válidas, no todas, en su intento por denunciar algo podrido en el arbitraje nacional. Tiene razón en pregonar que no puede ser válida la presencia de Wílmar Roldán nuevamente en las canchas luego del terrible desaguisado y atropello a la razón y al reglamento de la final en Cali. Roldán debería seguir en el dique seco, como dicen los españoles, como mínimo tres meses. De tal tamaño fue su falla.

También tiene razón cuando dice que se equivocan demasiado contra su equipo. La pena máxima sancionada el sábado pasado en Manizales fue inicua, infame. Pero no sólo se equivocan contra el Chicó, son tan mediocres los jueces que se equivocan contra todos, es un carrusel de fallos, uno tras otro, jornada tras jornada.

Sin embargo, Pimentel ha equivocado el camino al convertirse en un kamikaze que arrastra lo que se encuentra por delante. Lo primero: su alianza con el sátrapa Álvaro González, presidente de la Difútbol,  para derrocar el sistema arbitral es oportunista, de mal gusto y lo deja muy mal parado, lo deja como un vivillo que se alía hasta con el diablo. González es lo más parecido que se pueda encontrar en el fútbol colombiano a Satanás.

Segundo: existen caminos institucionales para plantear todas las diferencias con la dirigencia. Es el juego de la democracia participativa y a ella tiene que someterse el dirigente bogotano, gústele o no.

La arrogancia de pagar y pagar porque nadie lo va a callar, el creerse ser sobrenatural que no está incluido en las normas de conducta del fútbol, la soberbia de sentirse sobrado y libre de pecado, han convertido al buen directivo, con ideas, además de capacidad de trabajo y  análisis, que existe en Eduardo Pimentel, en un deslenguado bocón y vociferante.

Por favor, no olvidar que el presidente del Boyacá Chicó  es el individuo con más sanciones y multas en los sesenta años del fútbol profesional colombiano. Como jugador, técnico y directivo,  ha pagado más fechas de suspensión y más dinero que ningún otro. Y ese dato lo deja muy mal parado a la hora de cualquier evaluación.

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