Por: Cartas de los lectores

El lado oculto

“Juzgo a la gente por su rendimiento, y si es bastante alto, olvido sus faltas”. Esta frase, que podría interpretarse por algunas personas psicorrígidas como poco adecuada en ciertos aspectos de la experiencia humana, se atribuye a un novelista, editorialista y editor de revistas. Seguramente las faltas a las que se refería en el campo de su labor eran leves. Pero abocados, como estamos, a decidir con nuestro voto quién regirá los destinos de los que cumplimos con la obligación moral de consignar nuestro voto (y también los de aquellos que se abstengan o voten en blanco), y escuchando las promesas que hacen en sus campañas, muchas inverosímiles, nos quedará el recurso posterior de evaluar el rendimiento del que resulte ganador.

El rendimiento que dé a su programa de gobierno debe ser bastante alto y satisfactorio, y las fallas deben ser menores.

Por nuestro voto los dos candidatos están ofreciendo un contrato al pueblo colombiano y, como todo contrato escrito, tiene la llamada “letra menuda” que es larga, tediosa y, por lo tanto, propensa a ser ignorada o no leída por el contratista. Pero allí está que el que firma aceptando ese contrato debe conocer para poder exigir su cumplimiento, más aún si posteriormente se siente engañado. Todas las noches en las pantalla de nuestros televisores aparece un aviso, “El boletín del consumidor”, y su autor por ello es más conocido que la mayoría de nuestros políticos. Deberíamos, por lo tanto, revisar la “letra menuda” de lo que nos están ofreciendo y, a cualquiera que resulte ganador, exigirle el cumplimiento de sus promesas. En otro aspecto de las relaciones humanas “incumplir” se conoce como violación o estupro, y debería ser severamente castigado por la ley.

El lado oculto de cada persona existe. Por ello hay una frase también muy sabia que dice: la verdad de un hombre es ante todo lo que oculta. Pueden ser cosas buenas, como un directivo gerencial, un escritor de libros profundos de economía política que ha llevado oculta su afición por la literatura y de pronto se lanza a ese aún más difícil campo literario o un escritor ya famoso y consagrado que en sus libros toca temas científicos muy diferentes a su formación profesional básica, añorando entonces algo que le hubiese gustado ser. En la política, sin embargo, el lado oculto siempre es dañino y el político debería ser transparente, egregio, en el sentido etimológico: el que por sus acciones se destaque brillantemente, el que por sus méritos y su valor se aparte del común de la sociedad. De esta manera, sugiero que busquemos la transparencia de las acciones del político por el cual vamos a depositar nuestro voto.


Héctor A. Chamorro. Bogotá

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