El lado oscuro del EBITDAC

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Hace unos meses, cuando empezaba la cuarentena, me reía cuando me enviaban memes relacionados con el COVID-19. Fueron muchos los que me sacaron carcajadas. Pero hubo uno que me hizo pensar y reír también a la vez. Era el EBITDAC, utilidades antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones (earnings before interest, taxes, depreciation, and amortization), pero con el COVID-19. Este indicador financiero, antes de la C de COVID, es ampliamente conocido en el ámbito económico, contable y financiero, y mide en palabras sencillas la liquidez que produce un negocio en marcha derivado de su giro ordinario de negocios. Lo curioso del caso es que el EBITDAC haya pasado de ser un simple meme inteligente a una realidad. En efecto, la mayoría de las compañías, sin importar su tamaño, han sido víctimas de la disminución de sus ingresos hasta el punto de que sean nulos en muchos casos. Ello ha conllevado a que muchas quiebren o hayan quedado de muerte lenta. Lo cierto del caso es que el EBITDAC podría ser una salida para una nueva forma de matizar una realidad, pero con consecuencias serias.

Sé que se ha hablado mucho sobre los impactos económicos del COVID-19. En columnas pasadas había opinado sobre los efectos de la pandemia en los países latinoamericanos. Uno de los principales tenía que ver con la ausencia o limitación de locomoción, lo que conlleva a exacerbar cualquier impacto negativo en la economía. Esto, dada la dependencia en el consumo físico. Es decir que en Latinoamérica el consumidor tiende a comprar lo que ve físicamente. Esto, comentaba en columnas pasadas, trae como consecuencia beneficios ocultos en la pandemia y uno es la posibilidad de explorar el comercio electrónico de los productos. Este impacto en la economía se maximiza cuando se revisan los números de la economía informal, que en Colombia, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo, supera el 65%.

He enfatizado en muchos de esos nuevos escenarios, como los webinars, acerca de la importancia de las oportunidades que conlleva esta pandemia. Una de ellas es la de sacar ese espíritu emprendedor que todos tenemos dentro o por lo menos pensar en algo diferente a la inercia del pensamiento de negocios que traíamos antes de la pandemia. Muchos de los invitados con los que compartía escenario también consensuaban en esa línea de pensamiento. No obstante, poner en práctica o materializar las ideas es parte de los desafíos y miedos a los que nos enfrentamos. Eso, aunado a la ausencia de tiempo, ha exacerbado la verdad inconveniente de las empresas, es decir, la de la ausencia de flujo de caja derivado de la diminución de las ventas. Pero como a cada problema le salen soluciones, una de las soluciones que compañías públicas internacionales han usado a su favor para persuadir a sus inversionistas e interesados claves (stakeholders) es la del uso del EBITDAC. Quién lo iba a creer.

Hace unos días leía un artículo del Finacial Times, en el que corroboré ese temor. Y era que compañías públicas grandes en efecto estaban usando el EBITDAC para persuadir a sus interesados claves acerca del impacto del COVID-19 y se atrevían a argumentar que, si no hubiese pasado esto, sus crecimientos hubiesen sido de dos dígitos. La verdad inconveniente acá es para las entidades financieras e inversionistas que no se atreverían a poner en default (incumplimiento de covenants) a esas entidades por cuanto no les convendría incrementar su riesgo de crédito de contraparte, que ya bien afectado viene. Si lo vemos desde una óptica económica y estructural, es momento de alertar sobre estas posibles prácticas que podrían generar ausencia de veracidad en los reportes, no financiero-contables. Es entendible el querer matizar la realidad actual en materia financiera, pero hay que tener cuidado en cómo se matiza y que ello no conlleve a una desviación de confianza si no se hace de la manera correcta.

En Twitter @JnicaV

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