Por: Salomón Kalmanovitz

El legado de Caro

CARO FUE EL PADRE DE LA CONSTITUción de 1886 y el gestor del Banco Nacional que ejerció el monopolio de la emisión monetaria. Mientras la Constitución, afortunadamente modificada en 1910, nos rigió por 105 años, el esperpento monetario fue liquidado tempranamente.

La Constitución de 1886 aplastaba la oposición y era, por lo tanto, un incentivo para la guerra civil. Erigía una presidencia imperial, de seis años de duración, derivada de un sistema indirecto de votación que acolitaba el fraude del gobierno.

El país se reorganizaba en forma ultracentralista: abolía los estados soberanos, los convertía en departamentos cuyos gobernadores eran nombrados por el Presidente. Los gobernadores nombraban entonces a los alcaldes. Se pasó de un sistema federal en el cual la regla electoral era que los partidos podían acceder a distintos niveles de gobierno por medio de elecciones directas, a otro en que la regla era “ganador toma todo”.

El Legislativo era elegido por el voto de unos delegados elegidos frecuentemente con recursos del erario nacional, lo que hacía posible que políticos como el propio Caro fuera senador por Panamá, sitio en el que nunca estuvo. Era un Congreso muy débil, que se reunía cuatro meses al año y que rubricaba lo que le presentaba el Ejecutivo. Hubo un solo congresista liberal durante La Regeneración, Rafael Uribe Uribe, representante de la burguesía comercial y cafetera de Antioquia.

El sistema judicial estaba presidido por una Corte Suprema nombrada en forma vitalicia por el Presidente, empacada con magistrados archiconservadores. Era un sistema desprovisto de la división de poderes, sin frenos ni balances para el ejercicio del poder, que eliminaba la posibilidad de que la oposición pudiera acceder al gobierno por medios electorales. Ello condujo a la guerra civil de 1892, donde fueran derrotados los liberales, quienes se reorganizaron para dar una larga y cruenta guerra de mil días a partir de 1899.

La banca libre organizada por los liberales fue muy exitosa al multiplicar los préstamos que otorgaba el sistema con base en sus reservas en metálico. Copiaba el sistema norteamericano que fue puntal de la rotunda industrialización yanqui del siglo XIX y que fuera reemplazado por un banco central sólo en 1914.

El Banco Nacional acogió el principio universal de la intervención estatal en la provisión de dinero, pero como no tenía controles ni independencia emitió en exceso a favor del Gobierno, produciendo inflaciones sistemáticas que redujeron el crecimiento económico. La concepción de Caro sobre la gratuidad de la emisión sirvió para producir hiperinflación (300% de alza en los precios de 1901) que liquidó buena parte de los pocos negocios que existían en la época, incluyendo la mayoría de los bancos privados (quedaron 12 de 42 que se fundaron con el sistema de banca libre).

Las reformas a la Constitución de 1910 implementaron la regla electoral de “ganador toma dos tercios, perdedor un tercio”, que le dio al Partido Liberal garantías para participar en política y en el gabinete presidencial. Se debilitó la presidencia, al reducir su período a cuatro años; se fortaleció el Legislativo, se recurrió al voto universal y la Corte Suprema dejó de ser vitalicia. De esta manera, la Carta de 1886 se transformó en un vehículo de convivencia política que apalancó el desarrollo económico del siglo XX.

*Decano de Economía, Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

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