Por: Oscar Guardiola-Rivera

El legado de Fráncfort

La publicación de los reportes secretos que miembros notables de la llamada Escuela de Fráncfort escribieron para el gobierno estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial constituye un evento del mayor interés y relevancia.

Primero, contradice los prejuicios que heredamos de la Guerra Fría. Segundo, provee herramientas útiles para enfrentar retos actuales relativos a negociaciones de paz, y el lugar del Estado y la economía en la sociedad.

Esta publicación demuestra la necesidad y eficacia de una buena teoría de la sociedad para resolver problemas políticos y sociales concretos. Extrañará a conservadores clérigo-fascistas, a no pocos liberales y a algunos izquierdistas dogmáticos este ejemplo de colaboración cercana entre marxistas de la talla de Franz Neumann, Herbert Marcuse y Otto Kircheimer y el coronel estadounidense William Donovan en el esfuerzo pacificador contra el fascismo europeo, sin sacrificar su postura critica.

Fue esa perspectiva crítica respecto del capitalismo y la sociedad lo que les permitió aconsejar mejor al gobierno estadounidense, corrigiendo los prejuicios que informaban las políticas propuestas por sus funcionarios. Es una lección para nuestro proceso de paz.

Donovan fundó “el cerebro teórico” de la máquina de guerra estadounidense sin descalificar las lealtades ideológicas de sus miembros. Buscaba que funcionara como “última instancia” para organizar y cualificar la información que llegaba a Washington.

Estos teóricos de izquierda observaron que la invectiva fascista contra el “espíritu del capitalismo” no era anticapitalista, sino el resultado de la obsolescencia del individualismo competitivo en favor de un naciente poder económico concentrado en corporaciones con tendencias monopolísticas. En Alemania, ello resultó en el secuestro de las instituciones políticas por grandes intereses económicos, fenómeno que, advirtieron, podría repetirse en EE.UU. Esa lección no fue aprendida, como lo demuestra el actual bloqueo del sistema político estadounidense.

Se reconoció en cambio que el plan inicial del gobierno estadounidense, negociar la paz con los sectores más conservadores en Alemania, era erróneo. Había que destruir a la extrema derecha para que la oposición, el centro y la izquierda, liderasen la reconstrucción. Ello incluía juzgar la colusión de los industrialistas alemanes en crímenes de guerra.

Desafortunadamente, los incluidos por Neumann y el juez Jackson en un listado de “criminales económicos de guerra” fueron readmitidos en puestos de responsabilidad en la economía alemana. Es un error que deberíamos evitar, pues allí se encuentra el origen de ese esperpento que hoy se denomina neoliberalismo. Que no es nuevo y nunca ha sido liberal.

 

* Óscar Guardiola-Rivera

 

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