Por: Columnista invitado
Fútbol Paradójico

El lenguaje en el fútbol (II)

Por: Juan Carlos Rodas Montoya

¿Cómo vas a saber lo que es el placer? Si nunca diste una vuelta olímpica de visitante. ¿Cómo vas a saber lo que es el cariño? Si nunca la acariciaste de chanfle entrándole con el revés del pie para dejarla jadeando bajo la red. Quique Wolff.

Hace muchos años, a un jugador de fútbol se le ocurrió la maravillosa idea de patear el balón de tal manera que la trayectoria del “útil” se hacía curva o comba. Estas dos palabras tienen antecedentes en la física y describen, precisamente, lo que dicen: una curva o una comba, dos figuras geométricas que aluden a movimientos irregulares. Pero como no se trata de una jugada del ámbito de las ciencias exactas, sino de un juego que es antinatural porque se juega con los pies, hubo necesidad de llamar a esta jugada de alguna manera. Así nació la palabra chanfle y se convirtió, para América, en una de las jugadas más difíciles de aprender como técnica, pero se ve muy estética: un gol de chanfle es poesía, malabar, fiesta, sorpresa y asombro, incertidumbre y distorsión. Además, así se llama una película de Roberto Gómez Bolaños y es uno de los recursos más sonoros del Chapulín Colorado, pero con campos semánticos diferentes. Se supone, dice la historia, que el jugador que hizo esta jugada por primera vez fue el brasilero Arthur Friedenreich, después quedó bautizada y, posteriormente, todos querían hacer el gol de “efecto o rosca”, como dirían en España. En México esta palabra puede significar “recórcholis o cáspita”, tan ajenas a otros contextos latinoamericanos. Pero chanfle en el fútbol sí es universal en América Latina, es una jugada que alude a la picardía de quienes habitamos este contexto. Horacio Quiroga escribió en 1928 el cuento Juan Polti: half-back y, al parecer, no encontró una palabra en español que tradujera esa imagen del centrocampista o jugador del medio del campo. Usó half-back por la influencia que tiene el inglés en América y, sobre todo, el fútbol de esos terruños que, dicen las malas lenguas, “fue en los que inventaron este paradójico deporte de amores y odios”. En los primeros años del fútbol argentino los narradores describían el juego con expresiones como: Hand: mano. Forward: delantero. Fouls: faltas. Linesman: juez de línea. Shoteador: chutador. Otario: tonto. Y todavía hay rezagos de estas expresiones que se van quedando en los oídos de oyentes, periodistas, jugadores y otros protagonistas de esta obra de arte del balón. Un gol de chanfle es la presencia de la conjunción de poesía, ciencias exactas, pureza de la técnica y una traición intencionada y acérrima de cualquier forma en la que se imponga la táctica sobre la técnica porque ella, la táctica, se mecaniza y ha “segado las mieses del fútbol” y han quedado resequedad y asperezas en el corazón de quienes aún esperan con vehemencia que haya más juego y menos negocio en la vida. Roberto Carlos, el jugador brasileño, es el heredero de esta jugada magistral.

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