Por: César Ferrari

El lento crecimiento de la economía

Últimamente parece existir un consenso entre los analistas económicos y los organismos internacionales de que en el 2017 la economía colombiana crecerá por debajo de 2 por ciento. Desde fines de 2016, con nuestro modelo de equilibrio general computable proyectamos un comportamiento similar. Las estadísticas muestran que la tasa de crecimiento del producto en el 2016 fue de 2 por ciento y que en el primer trimestre de 2017 fue de 1,1 por ciento respecto al mismo periodo de 2016.

Dicho comportamiento no parece extraño habida cuenta del contexto externo del país desde mediados del 2015, la política económica vigente y la reforma tributaria de diciembre de 2016, que con su incremento de la tasa IVA de 16 a 19 por ciento lo agravó. La razón es clara: el incremento del IVA implicó un aumento de precios, lo que produjo una reacción del Banco de la República aumentando su tasa de interés de referencia, que indujo el incremento de las tasas de interés comerciales, la reducción del crédito y, en conjunto, la caída del ingreso real de la población, por lo tanto una menor demanda y, siendo así, una menor expansión de la producción.

Desde hace algún tiempo es claro también que el notorio menor flujo de divisas producto de la caída de los precios internacionales de las materias primas, del consecuente menor flujo de inversiones petroleras y del menor endeudamiento externo de las empresas colombianas con acceso a los mercados internacionales de crédito, iba a producir una fuerte devaluación cambiaria. Efectivamente, la tasa de cambio en pocos meses pasó de alrededor de $1800 a alrededor de $3000 por dólar, una devaluación notable muy superior a la inflación.

Al mantenerse la situación internacional sin variaciones mayores, el nuevo precio del dólar se convirtió en la nueva tasa de equilibrio cambiario. Sin embargo, viene experimentando pequeñas fluctuaciones al alza y a la baja, como consecuencia de elevaciones y disminuciones esporádicas de los precios internacionales del petróleo.

Con una tasa de cambio alrededor de $3000, que implicó un crecimiento enorme en la competitividad y rentabilidad de los sectores productores de bienes y servicios transables, los que exportan o compiten con importaciones, la inversión en los mismos se debería haber disparado. No ocurrió así. La inversión en el primer trimestre del 2017 disminuyó 0,7 por ciento respecto al mismo periodo del 2016; en realidad viene decreciendo desde hace siete trimestres.

¿Por qué a pesar de dicha ganancia de rentabilidad  no se ve una inversión creciente? ¿Por qué no se da, más aún cuando el proceso de paz se va consolidando con la entrega de armas de la guerrilla, lo cual debería ser motivo de celebración?

Algunos, con poco sentido económico y menos sentido común, opinan que lo que ocurre es que el proceso de paz está ahuyentando a la inversión. Absurdo: tarde o temprano significará la disminución de los costos de seguridad de las empresas lo que les implicará mayor competitividad y rentabilidad.

Lo que en realidad está pasando es que la rentabilidad esperada de largo plazo no es clara porque esa tasa de cambio elevada y rentable no es estable y ninguna autoridad económica ha garantizado que se mantendrá por un plazo razonable de tal modo que permita recuperar la inversión y ganar un monto adicional.

Cuando la tasa de cambio comenzó a subir por encima de los $3000, el Banco de la República anunció que intervendría para evitar elevaciones mayores... pero no dijo nada en caso de que se redujera. Grave error, nadie está dispuesto a invertir, digamos 10 millones de dólares, si no sabe que lo que es crucial para recuperarlos estará presente en algunos meses.

La consecuencia de ello es la mencionada cuasiparalización de la economía. Mientras la producción de materias primas, las exlocomotoras, no tiene futuro previsible (decreció 9,4 por ciento en el primer trimestre del 2017 respecto al del 2016), salvo la agricultura, que creció 7,7 (probablemente como consecuencia de los acuerdos de paz), sus otros posibles sustitutos no arrancan: la manufactura creció 0,3 y el turismo receptivo (hoteles, restaurantes y similares) decreció 1,4.

¿Pero es posible garantizar la estabilidad de la tasa de cambio? Los noruegos y chinos lo hicieron. En gran medida gracias a ello, Noruega pasó de estar entre los países europeos más pobres a estar entre los más ricos, y China pasó de ser un país paria a ser la segunda economía mundial, todo en dos décadas. ¿Por qué no aprendemos de ellos?   

* Ph.D. Profesor, Pontificia Universidad Javeriana, Departamento de Economía.

 

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