Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

El libro de Otty

Le había perdido la pista a mi paisano Otty Patiño y ahora lo reencuentro escribiendo un libro prologado por Petro, y auspiciado en la parte final por el rector de la Universidad de Manizales, Guillermo Orlando Sierra Sierra.

Patiño fue guerrillero del M-19, oriundo como yo de Buga —por supuesto, él mucho mayor—, perteneciente a una tradicional familia conservadora de la ciudad señora, hijo de un distinguido ingeniero a quien todos cariñosamente llamaban “Manitos”. La familia Patiño, numerosa por cierto, y la mía vivíamos en la calle 4, o calle “mocha” como allá la conocen porque está cerrada por oriente y occidente. Nadie de mi generación dejó de tener condiscípulos Patiño, todos aplicados y de actitud serena. Son las cosas que pasaban en la entonces apacible Buga, donde eran recurrentes apellidos que hoy son sonoros, como los Arellano Becerra, músicos, compositores, cantantes y parranderos adorables, para solo mencionar una de las reputadas castas locales. Digo todo esto para poner en contexto al lector de que cuando Otty y algunos de los suyos terminaron vinculados con el M-19, en sus épocas más duras, eso ocasionó un terremoto en el pueblo, y estoy seguro de que a las puertas de la casona de su familia llegaron la inteligencia militar y la civil tratando de capturar a los “peligrosos insurgentes” que todos habíamos conocido como gentes de bien y pacíficos. En los 90 volví a ver a Otty, él como desmovilizado y amnistiado del M-19, yo como director del DAS, y entonces tuvimos un trato institucional que me hizo respetarlo y tomarle aprecio personal, tanto que en alguna oportunidad vi con simpatía su nombre para ser alcalde de Buga, antes de que llegaran los facinerosos que la han gobernado en los últimos tiempos y la han asaltado en las narices de la Procuraduría y la Fiscalía.

Pues bien, Otty ha entregado un trabajo titulado Historia (privada) de la violencia, en cuya carátula se anuncia que versa sobre “La crisis colombiana de mediados del siglo XX contada por los descendientes de sus protagonistas”. Con los angustiosos meses que han precedido a estos días tranquilos previos a la Navidad, me había resultado imposible abordar las 325 páginas de este nuevo texto que ilustra un período convulsionado de nuestra historia desde la caída del liberalismo en 1945 hasta el golpe de Rojas Pinilla. Los cuatro capítulos en que está dividido el libro son pertinentes y trabajados con objetividad.

Los relatos de Patiño están bien tratados, sin exageraciones y bien ajustados a lo que fueron todos esos años de tiranía conservadora. Pero Otty ensayó un libreto consistente en adornar su valiosa investigación con entrevistas rendidas por los herederos de los personajes que entonces fueron protagonistas y testigos de su tiempo. El balance de lo que revelaron los príncipes de esta democracia hereditaria sobraba en el libro, porque lo escrito por el autor era suficiente. Alguien que conoce el almendrón asegura que nada de extraño hay en que Otty hubiese querido burlarse y dejar al descubierto a más de uno de sus entrevistados. Por ejemplo, la nieta de un expresidente asegura que lo de Gaitán fue “un suicidio” y lo afirmó no propiamente en sentido figurado. Habría sido mejor incluir completa la entrevista que como guerrillero le hizo Patiño en cautiverio a Álvaro Gómez, cuando fue secuestrado por el M-19, de la que solamente recordó breves párrafos.

Si algo malo tiene la historia colombiana es que la han escrito las familias que han estado en el poder y han vuelto verdad muchas mentiras, entre otras para ocultar sus imborrables faltas. Por cuenta de eso, Otty recoge involuntariamente el infundio de las plumas conservadoras que le atribuyen al expresidente López Michelsen el apodo de Hijo del Ejecutivo, perversa imprecisión histórica, porque esa expresión insultante se acuñó a propósito de los negociados de Lorenzo Marroquín, el indelicado vástago de José Manuel Marroquín, el mandatario que irresponsablemente se ufanaba de haber recibido un país y haberlo convertido en dos: Colombia y Panamá.

En fin, a pesar de tanta tontería dicha por algunos de la decadente descendencia de los ilustres señores de los años 50, el libro de Otty es un texto interesante que vale la pena leer.

Adenda. Feliz Navidad.

notasdebuhardilla@hotmail.com

 

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