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hace 23 mins
Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

El liderazgo político. Análisis de casos (I)*

Es tarea útil para los colombianos profundizar nuestra democracia y un camino eficaz para tal propósito nacional es fortalecer el surgimiento de nuevos líderes políticos democráticos y estadistas.

Estoy muy complacido de presentar la 5ª edición de mi texto: El liderazgo político. Análisis de dasos, en este recinto de nuestra democracia, en buena hora presidido por el señor procurador general de la Nación. Es muy grato reflexionar hoy en torno a una problemática fundamental para la conducción y el destino de los pueblos y muy específicamente para quienes hemos consagrado la vocación a la formación de líderes políticos democráticos, en medio de un número significante de meros buscadores de poder y riquezas, sin sentido de grandeza, de ética y de historia en nuestro gran país.

Si realizamos un análisis comparado de la estructuración del liderazgo político al culminar la Segunda Guerra Mundial y nuestros días, encontramos que, en el mundo contemporáneo, tenemos serias falencias al respecto, comenzando por quien preside la primera potencia de Occidente y del orbe, continuando con la elección reciente del presidente de Brasil, y la evolución dramática de los emigrantes centroamericanos…

Sobre el origen del texto. El libro que se entrega, especialmente para el debate de las comunidades universitarias y el periodismo de opinión, es el decantamiento de múltiples lecturas, investigaciones, diálogos, reflexiones y participación en jornadas, cursos, diplomados, especializaciones, maestrías y doctorados, efectuados especialmente en claustros universitarios, públicos y privados, en el intervalo 1964-2018, y recoge la esperanza de construir una democracia participativa en nuestro país y en América Latina. Sabemos que sus postulados han sido plasmados en la Constitución del 91, pero su desarrollo institucional está, en gran parte, pendiente de concretarse en los futuros decenios y, específicamente, en relación con la implementación de los Acuerdos con las Farc.

Cuando en 1991 el director de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) me otorgó el honor de presentar la Cátedra de Colombia, opté por prepararla sobre la problemática del liderazgo político. Desde entonces, han sido fuentes muy útiles para la elaboración del libro actualizado las Cátedras de Colombia presentadas en 1992, ’93 y ’94. Las ediciones sobre el tema, en 1996 con la Universidad del Valle, y en 2005 con la Universidad Pedagógica Nacional. Mis otras obras hasta 2018 también fueron incorporadas en lo pertinente. El conjunto de estos libros sirvió para la estructuración y actualización de la presente edición. Por ello deseo compartirles que en la actual se ha revisado el diseño del libro; se adicionaron los análisis de casos, las conceptualizaciones, las bibliografías, el material gráfico, y realicé una revisión general del texto contando con el incisivo y original prólogo del señor procurador, Fernando Carrillo Flórez.

La importancia del liderazgo. Revisemos ahora unas notas a propósito de la importancia del liderazgo político democrático en nuestros días. El estudio de los líderes y el liderazgo ha sido y seguirá siendo significante. En Oriente y en Occidente, en el Norte y en el Sur, se les busca, se les sigue, se les honra, se les juzga y se les mata. ¿Podríamos negar esta última situación histórico-dramática de la condición humana? En Colombia, tenemos varios ejemplos de esta situación, especialmente a lo largo del siglo XX.

Preguntémonos: ¿es el liderazgo simple innovación cultural o política? ¿Es esencialmente inspiración o movilización de seguidores? ¿Es el líder un defensor de valores? ¿Qué relaciones deben existir entre el líder político y el estadista? Y una más: ¿podemos distinguir entre los líderes y los buscadores de poder? Parece que sí. Según mi percepción, los líderes que han influido decisivamente en el curso de la historia colombiana, latinoamericana y mundial, en los siglos XIX y XX, no han sido meros buscadores de poder como son los casos de Mussolini, Hitler, Franco, Stalin… Perón, Batista, Castro, Somoza, Pinochet, Fujimori, Chávez, Maduro…, sino aquellos que, gracias a su formación intelectual, prácticas éticas, vocación de cambio, legitimidad en el ejercicio del poder y posibilidad de realizar lo difícil, han modificado el destino de pueblos y regiones en que nos hemos organizado los seres humanos.

Reflexionando en torno a la problemática del liderazgo, sabemos que el líder es el resultado de un proceso histórico global, regional y local y, por tanto, los esfuerzos por simplificarlo y tipificarlo, sin tener en cuenta la complejidad de la realidad dentro de la cual emerge, son trabajos que conducen a resultados parciales y deficientes, según mi percepción. Me inclino a pensar que el tema del liderazgo debe ser visto como parte de la dinámica de los conflictos sociales, de la estructura del Estado y del poder, de la organización de los partidos políticos y los movimientos sociales, de los procesos de paz y la solución de conflictos, de la gobernabilidad, de la toma de las decisiones… por cuanto poco es el liderazgo, si no está vinculado a las evoluciones sociohistóricas.

El liderazgo futuro para nuestro país lo entiendo no como un juego entre las élites o una respuesta populista y caudillista, sino como el resultado de un proceso en que se cuente con un proyecto y una estructura para la acción, con miras a establecer una sociedad justa, pacífica, libre y con posibilidad de organizar un desarrollo sostenible, en términos contemporáneos de Naciones Unidas.

Frente a las crisis, los pueblos y los procesos sociales facilitan la eclosión de liderazgos que conducen a su solución: líderes políticos que encarnaron proyectos históricos diversos: Lenin, Gandhi, Mao, Franklin Delano Roosevelt, Mussolini, Hitler, De Gaulle, Mitterrand, Churchill, Adenauer, Merkel, Kennedy, Obama… son algunos ejemplos a nivel mundial. En América Latina tenemos casos ejemplares de tales liderazgos: Benito Juárez, José de San Martín, José Martí… Eduardo Frei, Radomiro Tomic, Salvador Allende, Ricardo Lagos… Colombia no es una excepción: José Antonio Galán, Antonio Nariño, Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, Rafael Núñez... Rafael Uribe Uribe, Alfonso López Pumarejo, Darío Echandía, Alberto Lleras Camargo, Laureano Gómez, Mariano Ospina Pérez, Jorge Eliécer Gaitán, Carlos Lleras Restrepo y Luis Carlos Galán… son ejemplos significativos, no los únicos.

Según mi conocimiento, cuando el líder actúa en beneficio de la comunidad recibe, como fruto de su labor, la gratitud política de las masas. A través de su prestigio adquirido, accedió a los más altos cargos de representación y función pública. Mas cuando el líder político usa la vocación sólo para servirse, y beneficiar a sus familiares y compinches, terminará su existencia posiblemente enriquecido económicamente, pero despreciado y hasta odiado por el pueblo. El líder que desvirtúa los fines superiores de la política, como arte y ciencia, acabará como un politiquero; y es claro que en nuestro país existe ya un profundo rechazo y desprecio a esas prácticas y conductas que han demostrado su ineficiencia en términos históricos.

Tres conceptualizaciones básicas. Los invito ahora a tomar distancia y revisar puntualmente tres conceptualizaciones claves para nuestro tema de hoy: ciencia política, gobernabilidad y liderazgo político democrático. Teniendo en cuenta que una conceptualización debe ser una adecuada mediación entre la concreción y la abstracción, en el texto me he ocupado de 20 de ellas. Presentaré –con precisión– las tres enunciadas. Veámoslas.

Ciencia política. ¿Qué entiendo por ciencia política contemporánea? Ella se me presenta como una disciplina social que se ocupa del estudio sistemático e interdisciplinario del Estado, de la problemática de la legitimidad, de la estructura del poder, de la composición de las clases y de los estratos sociales, de la organización de los partidos políticos y los movimientos sociales, de los procesos electorales, del funcionamiento de los grupos de presión, del proceso de la toma de las decisiones, de la paz y la solución de conflictos, de la gobernabilidad y de la problemática del liderazgo, en espacios y tiempos determinados.

Si repensamos la magnitud que ha adquirido la corrupción y la falta de eticidad de amplios sectores de la sociedad, es conveniente tener en cuenta ahora reflexiones del maestro Darío Echandía a propósito de la política como arte y ciencia(1). Él sostuvo: “Se ha dicho, con razón, de aquella disciplina que no es una ciencia sino un arte; pero el ejercicio afortunado de un arte requiere no sólo conocer sus técnicas, siempre susceptibles de aprendizaje, sino que también es necesario, en quien la profesa, tener ingenio, y consagración…”. Y amplía su discernimiento.

¡Cuán útil retomar por parte de nuestra juventud, de los ciudadanos y de los líderes políticos las lecciones inolvidables, teóricas y prácticas, de este colombiano y latinoamericano excepcional!

* La presente columna es la primera parte de un extracto de mi intervención en el auditorio Nariño de la Procuraduría General de la Nación, el 3 de diciembre del presente, a raíz de la presentación de mi libro: El liderazgo político. Análisis de casos”, prólogo del señor procurador, Fernando Carrillo Flórez.

** Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

[email protected] 

Referencia

(1) Véase el libro del autor: (2017). Darío Echandía Olaya. Colombiano ejemplar. Prólogos: Carlos Gustavo Cano y Fernando Dejanón. Academia Colombiana de Jurisprudencia y Universidad Libre. Panamericana. Bogotá, pp. 8-48.

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