El loco sigue suelto

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A pesar del coronavirus que quita el oxígeno, este sábado 7 de noviembre el mundo entero respiró aire fresco, una oleada de alivio recorrió el planeta y los pulmones se llenaron de esperanza. El loco perdió las elecciones, y un señor normal y una mujer de color van por el relevo en la Casa Blanca, que se fue convirtiendo en la casa de los horrores a medida que pasaba el tiempo. Desde que se les abrieron las puertas al loco y su maniquí nada volvió a ser igual: insultos, despidos, acosos, pataletas, mentiras y caos se la fueron carcomiendo. El país soberbio se fue desbaratando, perdiendo liderazgo y respeto, convirtiéndose en el blanco de rechazos y burlas.

El loco del peluquín recibió la noticia jugando golf y no sé dónde diablos tiró la bola. Ya amenazó con demandar las elecciones, como era de esperarse, y al nuevo presidente le tocará vivir un infierno hasta que llegue la fecha en que este demente y su cohorte salgan por la puerta de atrás y no regresen jamás.

Presiento días sombríos. Este torvo personaje, sacado del bolso de Frankenstein, es capaz de hacer cualquier cosa, nada lo detendrá. Su soberbia está lastimada y las reacciones serán impredecibles. No podemos olvidar que los Estados Unidos profundos, ultrarracistas y ultraconservadores, los de los rednecks, los de los granjeros semianalfabetas, los de los multimillonarios de la agricultura y sus transgéneros, tratarán de torpedear la sucesión. Idolatran al loco porque se identifican con él, son una horda de elementales que pelearán hasta quedarse sin resuello por su ídolo, ese orangután rubio con boca de rata, machista, ignorante y prepotente que ha estado a punto de apretar el botón nuclear. Porque no le importa nada ni nadie, porque no tiene dios ni ley, porque no sabe razonar, porque cree que el dinero lo compra todo.

El loco sigue suelto, el perro tiene rabia, el animal salvaje va a sacar las garras.

Vamos a ver si United States of America sabrá domar la bestia y enfrentarse al reto o sucumbirá bajo los escombros de este tsunami que se le avecina. Por lo pronto, ese sábado 7 de noviembre tuvimos un día de aire de esperanza y una luz para alumbrar un nuevo camino. Pero que el loco sigue suelto y con peste de rabia es una realidad. Vamos a ver si la Estatua de la Libertad no tiene que salir exiliada... O si podrá seguir portando su antorcha con dignidad.

Cambio de locos, esta vez en plural. Me pregunto y pregunto quién es capaz de ponerle el cascabel al gato de esas iglesias evangélicas con nombres amenazantes como El Mesías de los últimos días, El apocalipsis está aquí o el nombre que sea, que se han saltado todas las reglas durante la pandemia y no tienen dios ni ley, así lo prediquen a los gritos.

Es inaceptable que sigan reuniéndose a boca destapada y grito pelado en casas particulares, donde los “fieles” tienen que abrir las puertas como sea y pagar los diezmos bajo amenaza de condena por “estar robándole a Dios”. Son cientos de ellas regadas por todo el territorio colombiano, y siguen tan campantes convenciendo a incautos, ofreciendo el cielo y exigiendo obediencia absoluta, como triste resultado de la libertad de cultos.

Sectas y sectas de todas las pelambres. Si alguien en este desempleo en que estamos quiere hacerse millonario, pues que se convierta en pastor o pastora, compre un megáfono, alquile un garaje, se aprenda de memoria algunos versículos de la Biblia (los más terroríficos ) y empiece a desgañitarse por las esquinas vendiendo salvación eterna, siempre y cuando paguen. Gratis nadie se salva.

Respeto profundamente las religiones. El ser humano, el único animal que sabe que se va a morir, por instinto se aferra a alguna creencia. Tengo las mías, inamovibles, pero otra cosa muy distinta es ver cómo ciertos pícaros, convertidos de la noche a la mañana en pastores y salvadores, se lucran de los más pobres y vulnerables. Incluso predicando que el coronavirus es un invento del diablo y que el único remedio es la fe y asistir a los cánticos y rituales sin tapabocas.

Los contagiados con el COVID-19 por asistir a estas reuniones semiclandestinas no son pocos, los muertos tampoco, pero los bolsillos de los pastores se llenan cada semana. ¿Quién le pone el cascabel a semejante atrocidad? ¿Atracos disimulados en nombre de Dios?

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