Por: Antonio Casale

El Madrid, la Juve y nuestra realidad

El Santiago Bernabéu tiene dispuestas 81.044 sillas para sus aficionados y casi siempre estaban llenas o casi llenas. En lo que va corrido de la temporada la media indica, según el diario AS, que el promedio de asistencia ha bajado en 5.509, en Champions casi 11.000 espectadores menos llegaron a la fase de grupos en promedio. En ninguno de los últimos tres juegos han pasado de 56.000 personas; es decir, se han visto unas 25.000 localidades libres, algo poco usual para un equipo que se vanagloria de ser el mejor de la historia. Las razones: la mala racha de resultados, la falta de gestión de los directivos para reemplazar a Cristiano Ronaldo y un aumento del 10 % en el precio en los abonos para esta temporada.

La Juventus en Italia, en cambio, agotó en cuestión de horas los abonos y aumentó en un 30 % el valor de las entradas con la llegada de Cristiano Ronaldo. Tanto en Champions como en la Serie A han ocupado 40.000 de las 41.000 localidades disponibles siempre. Estamos hablando de un club que decidió hacer un escenario propio, más pequeño que el de la ciudad, entre otras porque el otro nunca se llenaba. Recuerdo haber visto a la Juve coronarse campeona con gran parte de las gradas vacías.

En 2010, el menor de los Agnelli, Andrea, tomó el timón del equipo, en quiebra, después de una de las peores vergüenzas de la historia para los bianconeros, el descenso a la B por cuenta de amaño de partidos descubierto por las autoridades. El estadio propio, con centro comercial y proyecto inmobiliario para rodearlo, sirvió como base de la recuperación financiera para armar un proceso futbolístico que incluía reconquistar Italia primero y después Europa. Desde 2011 lleva siete scudettos consecutivos y dos finales de Champions. La cereza del coctel es la llegada de Cristiano Ronaldo. Con él no solamente crecieron la recaudación en el estadio y la venta de camisetas, sino que también las acciones en la bolsa de la Juventus tuvieron una importante alza cuando se hizo el anuncio. En la cancha el equipo de Allegri marcha imparable tanto en la Serie A como en la Champions y el objetivo es conquistar esta última. Pero no se equivoquen, primero gatearon, armaron el proyecto y lo hicieron viable, y después caminaron, llevaron a Ronaldo.

En el mundo occidental los resultados son lo más importante. Podemos discutir si es lamentable o no, pero así es. A los hinchas merengues ya se les olvidó el triplete europeo.

Traído lo anterior a nuestra maltrecha economía criolla, hay que decir que será imposible que nuestros equipos se refuercen con nombres rimbombantes por ahora. Por un lado, el dólar a $3.100 lo hace imposible, y por el otro cualquier jugador promedio, que nunca haya vestido la camiseta de su selección, no baja de $40 millones mensuales más prestaciones. Ante este panorama lo único que se puede hacer es recurrir a los resultados y para lograrlos es necesario trabajar bien en las divisiones menores y poco más. La experiencia en el estadio puede mejorar, pero si el equipo, cualquiera que sea, no marcha bien, la gente no irá al estadio, no comprará el canal premium ni comprará la camiseta. Esa es la realidad.

 

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