Por: Oscar Guardiola-Rivera

El Mago de Oz

“Es OIZ, no OZ, y no es un mago”. Así intentaba explicar a un exparlamentario liberal-demócrata británico los confusos resultados de las encuestas recientes sobre la intención electoral de los colombianos.

 En el exterior, discutir el posible giro de la política colombiana parte siempre de un hecho: nadie sabe quién es OIZ.

La política exterior de un país consiste en generar confianza entre inversionistas extranjeros cautelosos, diplomáticos escépticos y miembros de instituciones internacionales que conocen mejor el país que muchos colombianos.

Por ello es grave que nadie sepa de OIZ. Peor aún, entre quienes saben ni su nombre ni su trayectoria generan confianza. ¿La razón? A la pregunta por OIZ sigue siempre la respuesta “es el candidato de Uribe”.

Muchos votantes de OIZ parecen creer que en realidad elegirán a Uribe. Otros afirman que OIZ no es un títere. Si lo segundo es cierto, nadie lo cree en el exterior. Si lo primero es cierto, se entiende que no lo crean. Esta ambigüedad en el corazón de la política exterior uribista, si la tal existe, está siendo percibida en el exterior y ya está generando desconfianza entre inversionistas, diplomáticos y oficiales. Ello se traducirá en aislamiento.

Puede ser injusto pero la diplomacia es cuestión de percepciones y es muy difícil cambiarlas. Más para nosotros. A su favor, el gobierno Santos venía cambiando dicha percepción al separar los logros del pasado contra las FARC de los reconocidos excesos de Uribe, y enfocar la atención de los países vecinos y amigos en un proceso de paz cuyo actual progreso ha convencido a los más escépticos.

Se entiende entonces el entusiasmo que la política exterior de Santos vinculada al proceso de paz genera en el exterior, y la preocupación frente a la ausencia de una tal política en su contrario.

Una encuesta informal entre miembros del cuerpo diplomático y periodistas en Londres aunque anecdótica es reveladora. Todos afirman que la cercanía del discurso uribista al de los neoconservadores y el Tea Party le restará amigos entre los demócratas de Obama y los Clinton en EE.UU. a pesar de la retórica anti-venezolana. Los demócratas no olvidan que Uribe intervino en la elección estadounidense en favor de los republicanos al facilitar una visita del entonces candidato John McCain a Cartagena para presentarnos como el éxito de la Guerra Contra el Terror de Bush.

El desprestigio de esta última es igual al desprestigio de la retórica exterior uribista no sólo entre liberales en EEUU, sino más aún entre los vecinos de Colombia. Ecuatorianos, bolivianos, venezolanos, chilenos, argentinos, uruguayos, y el poderoso Brasil desconfían de las intenciones uribistas respecto de temas clave como la unión sudamericana o su independencia respecto de los EEUU.

Aunque se comporte como el mago, OIZ no convence. Si gana estaremos solos.

 

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