Sirirí

El mal servicio de los cableoperadores

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Son excelentes para vender: atienden al instante, te llaman por tu nombre y, es más, se vuelven acosadores. Te pintan pajaritos de oro. Te seducen a punta de ñapas. Y en materia de precios se bajan los pantalones. Total, quedas amiguísimo de ellos y repites a los cuatro vientos: “Qué gente tan querida”.

Al comienzo todo marcha a las mil maravillas, hasta que cualquier día se presenta el primer daño y arranca el calvario. De inmediato llamas a quien te atendió, que responde que “eso no tiene nada que ver con ventas, sino con servicio al cliente”, y te da un número para comunicarte.

En el tal número nadie contesta y cuando por fin lo logras, te responde una máquina que te pide nombre, cédula, ciudad (¿?) donde estás y te remite a un numeral y de este a otro y luego a otro y otro y otro. Al final nadie te atiende.

Entonces, en el colmo de la desesperación, pides hablar con alguien de carne y hueso y mueres en el intento, a pesar de que la voz de un robot te dice: “Su llamada es muy importante para nosotros”, y te ponen a escuchar Para Elisa, en una falta de respeto con Beethoven.

El cuento sigue: De tanto insistir, día tras día, por fin aparece la voz de un ser humano que puede estar en Montreal, Río, Barcelona o la Conchinchina, y comienza otro viacrucis, que es cuadrar la cita para que vayan a revisar el internet, la telefonía o la televisión, porque como eso lo subcontratan los operadores, le pasan la pelota a quién sabe quién, que queda encargado de tu caso.

Así las cosas , te “agendan” para cuando les da la gana y empieza la larga espera, hasta que por fin se aparecen a las horas más inoportunas. Te dicen que el daño es de los cables internos de tu casa y debes llamar a un fulano para que te arregle ese chicharrón.

Total de totales, completas dos semanas en esta situación, en el colmo de la desfachatez y en una clara falta de respeto con los clientes de unas empresas a las que se les ha dado la oportunidad de prestar un servicio cada vez peor.

Y a todas estas, ¿quién le pone el cascabel al gato? Porque el Estado tiene que estar del lado de los usuarios y no de unas compañías buenas para llenarse los bolsillos, pero pésimas para responder por lo que venden.

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