Por: Gonzalo Hernández

El malestar de la clase media

A muchos les disgustó descubrir que eran parte de la clase media colombiana. A otros les dio culpa placentera y algo de nervios al enterarse de que eran de la clase alta sin haberlo sospechado antes. La agitación fue desatada por el director del DANE, Juan Daniel Oviedo, quien usó una tabla —con aparentes rangos internacionales— para mostrar que los colombianos pueden ser agrupados como: pobres, vulnerables, clase media o clase alta. Para ser de la clase media, es suficiente tener ingresos mensuales superiores a 900.000 pesos (300 dólares). Basta con cuatro millones y medio de pesos mensuales para ser miembro de la clase alta.

Imagino que los inconformes con la definición de la clase media habrían preferido que aquellos con ingresos de dos millones mensuales (por ejemplo) fueran clasificados como vulnerables. No creo que la molestia surja porque no son considerados en el grupo de más altos ingresos.

Aunque no puedan describir umbrales estadísticos precisos, los inconformes asumen que hay una mejor categorización, mucho más realista y mucho más útil. En el fondo, piensan que la tabla presentada por Oviedo miente por falso optimismo, al ocultar la pobreza y las condiciones de vulnerabilidad y al disfrazarlas con el rótulo de clase media, que tiene una clara connotación internacional de estabilidad socioeconómica, con acceso a niveles dignos de salud y educación y con condiciones laborales que les permiten a los hogares cierta planeación de su futuro.

Algunos salen al paso del debate con los argumentos de que cualquier clasificación es arbitraria y que al final los rótulos no importan: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Sin embargo, de ser así, ¿para qué el Gobierno usa entonces esos rótulos inútiles?

A pesar de los intentos arrogantes de descalificar el malestar del pueblo, diciendo que carece de conocimiento sobre estas mediciones, deberíamos preocuparnos sobre la inconsistencia entre lo que las autoridades definen como ausencia de vulnerabilidad y lo que piensa la sociedad que el Gobierno representa. Vale la pena tomarse en serio el malestar.

El concepto de vulnerabilidad, que limita con el de clase media en la tabla de Oviedo, no es decorativo. Define un reto para el país. Y establece un referente de las necesidades que deben ser atendidas por el Estado. Es usado así para propósitos prácticos en la focalización de los programas sociales contra la pobreza y la desigualdad y para su seguimiento y su evaluación. Además, las categorías socioeconómicas son usadas para el diseño de las políticas de impuestos y gasto —al menos en la retórica gubernamental—. ¿No hablaban acaso del actual tamaño de la clase media para justificar el aumento de los impuestos pagados por este grupo en la pasada ley de financiamiento? Ser miembro de la clase media en lugar de ser vulnerable importa.

Las clasificaciones no son neutrales. Tienen implicaciones políticas. Bien entonces que la sociedad reclame cuando se le dice que no está en condiciones de vulnerabilidad y considera que sí lo está. Bien entonces que la sociedad reclame cuando se le dice que está en la clase media y cree no estarlo.

* Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/)

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