El mañana no lo sabemos

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Cuando nos propusimos al comienzo de este año alcanzar metas, sueños y expectativas enormes de iniciar proyectos, toda esta corriente positivista pasa ahora a un segundo plano, por lo menos de lo que queda del año, y tal vez de ahora en adelante, porque lo que nos tomó por sorpresa, aquello que no estaba en los más remotos pensamientos, llegó sin dar aviso. Un virus que no estaba en la estadística de ninguno, en la adivinación ni en la carta astral o en las profecías de personas que presumen que saben el futuro, nada de eso.

Pues bien, este COVID-19 llegó sin previo aviso, como ladrón que llega en la noche. Empezó desde una epidemia local y se extendió convirtiéndose en pandemia global. Por eso decimos, y lo sostenemos, ¡no hagamos planes desaforados o efusivos, porque no sabemos qué nos traerá el mañana!

Cuando las autoridades de salud pública, conjuntamente con el Gobierno de Colombia, empezaron la batalla para contrarrestar el virus desde su llegada al territorio nacional, nos queda la sensación que hasta el día de hoy, en cuatro meses que llevamos lidiando con esto, las medidas de protocolo de bioseguridad y autocuidado han sido de manera dictatoriales, por lo cual si bien es cierto que es la primera vez que nos ha tocado someternos a estas normas mundialmente conocidas. Por lo tanto, nos ha costado mucho acostumbrarnos a seguir estas normas.

La verdad, nos cambió el estilo de vida que llevábamos; aquella estrechada de manos y el caluroso abrazo han quedado prohibidos y censurados sin saberse hasta cuándo podamos volver a estos populares y cotidianos hábitos, o si bien -sin ser negativos-, posiblemente este comportamiento jamás se volverá a ver por lo menos en lo que queda de este año.

El aislamiento social y el encierro están acabando con nuestra salud mental y afectiva, pero, ¡qué le vamos a hacer! Es duro este choque y demasiado drástico, porque va golpeando directo a nuestra cultura de “apego” con nuestros seres queridos y amigos.

Somos una sociedad de aguante, pero no sabemos hasta qué punto podamos aguantar tantos pico y cédula, cierres de localidades, toques de queda, incluso el primer día sin IVA es una muestra de que ese punto límite de estrés por el confinamiento puede llegar a herirnos, ya que vimos cantidad de gente saliendo a las calles de una forma desaforada, desesperada y como una acción de protesta para decirles a los organismos de salud pública que ya estamos hartos de tanto encierro y aislamientos, tanto así que pareciera que ya no nos importaran las consecuencias que el virus nos pueda hacer.

Si este mal comportamiento ocurrió, y quién sabe qué más sucesos estén en este momento ocurriendo, ¿qué pasará entonces en los próximos tres o cuatro meses y a final de año? No nos quisiéramos imaginar otro comportamiento similar libertino esperando a ver qué ocurre, pues el día de mañana no lo sabemos.

Fredy Gustavo Bravo Murcia.

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