Comunidad de Bojayá le da el último adiós a las víctimas de la masacre de 2002

hace 2 horas
Por: Claudia Morales

El mandato: destruir la sociedad

Steve Bannon fue el ideólogo más radical de Donald Trump. Hoy asesora al partido de extrema derecha de España Vox, le da consejos al ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil, y es admirador de Marine Le Pen en Francia y de Matteo Salvini en Italia. La lista de sus políticos favoritos son como él: supremacistas blancos y xenófobos, esencialmente.

Para Bannon, la única forma de transformar una sociedad es destruyéndola para luego recoger los pedazos y reacomodarlos a la medida de sus teorías. Eso lo pueden ver con mayor detalle en el documental The Great Hack, de Netflix. La estrategia es fácil: manipular, no importa los recursos, a través de algoritmos que pueden armar gracias a todas las huellas que dejamos en las redes sociales. Somo sus idiotas útiles.

Pienso en él y en su premisa de destrucción como un espejo de lo que vivimos en Colombia, más aún con el anuncio del rearme de Iván Márquez, Santrich y el Paisa, tres alias, dos conceptos: terroristas y narcotraficantes. Ellos, que todo pudieron tenerlo gracias a un acuerdo imperfecto, decidieron seguir traficando sin importarles, como lo aseguró Emilio Archila, consejero presidencial para la Estabilización y la Consolidación, que hay cerca de 10.000 excombatientes de las Farc con sus familias agrupados en los Espacios Territoriales (ETCR), comprometidos con sus proyectos productivos y que no quieren volver a la guerra.

Vemos entonces que en nuestro país el tema no es de supremacía blanca pero sí, paralelo a la desgracia que dibujan esos tres traicioneros, de extremos nocivos representados por unos políticos egocéntricos e incapaces de agrupar a la sociedad en un fin común como la paz. Los bannon de Colombia abundan en la política, en las redes, entre el empresariado, en algunos medios y, claro, en familias que desde la comodidad de sus estratos 4, 5 y 6 piden más bala con los hijos de los pobres.

Hoy el resumen de Colombia va así: la guerrilla del Eln, amarrada a sus territorios y marcando otros donde nunca había estado; las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, dominando el negocio del narcotráfico y la minería ilegal de la mano de sus compinches guerrilleros, y evitando con su violencia la restitución de tierras, como lo denuncié en la columna del pasado 16 de agosto; los ETCR, amenazados por sus excompañeros y enemigos, y por el incumplimiento de los Acuerdos por parte del Gobierno; paralelamente, sigue el incremento de líderes sociales asesinados. Esto, solo para citar unos datos sobre el conflicto, porque también son de profunda gravedad los problemas en la economía —así nos quieran meter globos—, la salud y la educación.

La respuesta, entonces, emulando a Bannon, es generar caos y lograr la destrucción, aunque la venta del producto nos diga que es para mejorar. Todo está calculado porque, además, hay rebaños que replican. Miedo, miedo, miedo. Guerra, guerra, guerra. Entre tanto, el expresidente Santos recorre el mundo diciendo que hizo la paz, lo cual también es mentira; la oposición da palos de ciego, y el Gobierno, incendiado por su partido político, se ve perdido mientras el jefe real se relame pidiendo “bajar” los Acuerdos con las Farc.

Una prueba del rebaño: “Si quieren guerra, hay que darles guerra. Son un cáncer que hay que extirpar. No nos dejaremos intimidar”, Santiago Castro, presidente de Asobancaria. Él y sus compañeros de idea, y/o sus hijos, jamás usarán el uniforme para ir a dar plomo. La tienen clara, la guerra la ven desde sus celulares. ¿Y nosotros qué estamos haciendo por la paz?

@ClaMoralesM

* Periodista.

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2019-08-29T15:17:59-05:00

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2019-08-29T16:37:26-05:00

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