El mejor amigo de la corrupción

Noticias destacadas de Opinión

Por Karim Kure Prada 

Ante los numerosos discursos políticos que se comprometen a luchar contra la corrupción, sigue pasando desapercibido el dinero en efectivo que mueve la maquinaria de los corruptos a lo largo y ancho del país. En otras palabras, es el mejor amigo de la evasión, la extorsión, el narcotráfico, la financiación de grupos ilegales, la informalidad, el crimen, la inseguridad ciudadana, bacterias y hasta el COVID-19. En ese sentido, es imposible concebir alguna iniciativa para combatir la corrupción de Colombia sin considerar la reducción del efectivo en nuestra vida diaria y acelerar el proceso de bancarización de la sociedad. 

No en vano, desde hace siete años el expresidente de la Junta Directiva de Asobancaria, Santiago Perdomo, ha llamado la atención sobre la relación entre el efectivo y la ilegalidad. Este vínculo incluye problemas que hemos vivido durante décadas, como el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, la compra de votos y el soborno generalizado. Si el país ha buscado cortar, una por una, las cabezas de la corrupción, bancarizar a la población puede evitar este proceso y su repetición, pues se haría más fácil seguir el rastro del dinero y llevar a los responsables de estos crímenes a la justicia.

Así mismo, reducir el uso de efectivo abriría una ventana para registrar las transacciones sujetas a tributación y reduciría la evasión de impuestos. Según un estudio reciente de la Universidad Nacional, la evasión por parte de personas jurídicas asciende a $11 billones al año. Casi la totalidad del monto que se espera recaudar con la reforma tributaria aprobada el año pasado por el Congreso, y un dinero que aliviaría las necesidades más apremiantes en salud, educación, ciencia e infraestructura que tiene nuestro país. Sin duda, una inversión que redundaría en crecimiento y desarrollo económico, junto a una necesaria reducción de las tasas impositivas y con incentivos por parte del Estado a quienes utilicen métodos alternativos de pago, en consonancia con las tendencias globales y los retos que presenta la coyuntura actual.

Por otro lado, es indispensable que las instituciones financieras se comprometan a disminuir sus costos para ayudar en este proceso. Esto permitirá, además de un mayor volumen de transacciones y usuarios, una  profundización de la banca, que puede ser un aliado para los programas de emprendimiento, reactivación industrial, reducción de trámites, contención en la propagación del COVID-19 y la facilitación del comercio electrónico.

Aunque en Colombia suene como un proyecto imposible, dada la escasa cobertura del sistema financiero en el campo y el bajo nivel de bancarización, podríamos tomar lecciones de países que ya lo han hecho. India, un país más poblado y con mayores dificultades logísticas que el nuestro,  redujo el uso del efectivo desde 2014. Suecia ha logrado que gran parte de los negocios en ese país sólo acepten pagos electrónicos. Lo mismo podría decirse de Reino Unido, Japón, Corea del Sur o Chile. Incluso hace más de 80 años, cuando la mafia quería lavar las ganancias de los casinos de Las Vegas, el IRS estadounidense obligó a convertir este dinero en cheques que debían cambiarse en los bancos.

Sin duda alguna, acelerar la bancarización y reducir el efectivo a su mínima expresión son herramientas contundentes para evitar que el mensaje anticorrupción se quede en palabras vacías. Se hace urgente que el Gobierno, los partidos políticos y los gremios visualicen la importancia de reducir el efectivo y así, como nación, tomar una medida fundamental, ante la que estamos rezagados, para extirpar al mejor amigo de las peores enfermedades de Colombia. El país requiere de cambios disruptivos y contundentes para salir adelante.

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.