Por: Luis Carlos Vélez

El mejor año

A veces me regalas minutos de miradas intensas. Aunque aún no te salen frases, por ahora solo palabras sueltas, entiendo lo que me estás diciendo y lo asumo con responsabilidad. En tan poco tiempo que nos conocemos, comprendo que te estaba esperando toda la vida. Desde que llegaste supe que desde ese mismo momento, la vida para tu mamá y para mí tendría un punto aparte. Un antes y un después que nos hace inmensamente felices.

Te confieso que siempre me imaginé siendo padre de un niño. Crecí con esas imágenes machistas del padre que va con su hijo a fútbol y arreglan cosas juntos. Pero desde que llegaste, entendí que puedo hacer eso contigo también, además disfrutar de las princesas y los dragones sin problema, porque tú eres un regalo doble y triple que puede ser astronauta, médica, presidenta, futbolista, ingeniera o reina. Lo que quieras.

La primera lección que me dejas tras acompañarnos este mejor año de nuestras vidas es la paciencia. Antes de tu llegada pensaba que los días eran como los letreros de los almacenes que pasan y pasan cuándo los miras desde la ventana de un auto en movimiento. Muchos, pocos, daba igual, lo importante, entonces, era enfocarse en la meta. Ahora no, cada día, cada instante, tiene un color, un olor infinito que no me alcanzan los segundos para disfrutar. Contigo todo es tan extraordinario que no quiero que se acabe.

La segunda lección es que me has hecho mirar a las mujeres de manera diferente. Aunque cómo hijo, hermano y esposo de una mujer, fui educado con respeto y admiración hacia ustedes, nunca me había detenido a observar lo injusta que a veces es la sociedad y cómo nosotros los hombres a veces nos portamos muy mal cómo esposos, jefes, maestros y colegas. Es algo que debe cambiar.

Por estos días en que ha explotado el escándalo de acoso sexual en los medios de comunicación y la política en EE.UU., tengo que decirte que por fin se ha levantado un velo de tolerancia a los abusos contra las mujeres que nunca debió existir. Me inquieta, molesta y preocupa el mundo que tendrás que enfrentar en la búsqueda legítima de tus sueños laborales y académicos. Pero te prometo que haremos todo lo posible para construir buenos ambientes y denunciar a los que desde posiciones de poder amedrenten sexualmente. Además, estoy seguro de que muchas mujeres, tomando como ejemplo lo que está pasando en el mundo, empezarán a denunciar a sus verdugos ahora que la sociedad es consciente de que esos comportamientos son inaceptables y que no hay intocables.

La tercera lección es la de la familia. Aunque desde que me casé con tu mamá la he admirado y amado, desde que tú naciste mis sentimientos por ella se han multiplicado. Veo en ella la fortaleza que tienen las madres para amar, cuidar, amamantar, educar, equilibrar y aparte de todo eso, trabajar. Ser madre y centro de familia es el trabajo más difícil que conozco.

Todo esto en un año. Feliz cumpleaños. No me puedo imaginar todo lo que vendrá más adelante.

Gracias por iluminar nuestras vidas. Siempre seré tu soldado. Te amo. Papá.

 

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