Por: Antonio Casale

El mejor del mundo sin balón

Tengo que quitarme la camiseta de hincha para hablar de Víctor Aristizábal, claro que un periodista lo puede hacer, y lo voy a hacer. Pero no sólo me voy a quitar la camiseta, me voy a quitar el sombrero, porque se fue un grande.

Se fue el “mejor jugador del mundo sin balón”. Aristizábal dejó el fútbol como los grandes. Como se lo merecía, como se lo merecen tantos ídolos que nunca tuvieron su homenaje. Arnoldo Iguarán, Adolfo Valencia y Freddy Rincón, por citar sólo algunos casos, nos dieron muchos momentos de alegría, y nosotros les pagamos hoy con indiferencia.

Francisco Maturana comentó algún día que Aristizábal era eso, el mejor jugador del mundo sin balón, casi lo extraditan, el país estalló en carcajadas, pero en un deporte que se juega con los pies, los que lo hacen también con la mente marcan la diferencia, y Aristizábal usó las dos siempre.

El muchas veces criticado Aristigol recibía el balón en solitario por la manera como se movía cuando otro futbolista tenía la esférica. Otras tantas veces arrastraba eficazmente las marcas para que sus compañeros obtuvieran el tránsito libre, y siempre veía el partido con ojos de DT desde adentro.

De esta manera se fue metiendo en la historia, a pesar de las muchas voces que  pedían a gritos su salida de la selección, que por supuesto terminó siendo prematura. Cansado del entorno, decidió dar un paso al costado de la tricolor ya con la satisfacción del deber cumplido, tras ser goleador de la Copa América 2001, único título en selecciones mayores de la historia.

Nunca fue objeto de escándalos extrafutbolísticos, nunca respondió a una crítica que pudiera ser ofensiva. Siempre fue un guerrero dentro de la cancha y un caballero fuera de ella.

Tantas veces “puteado” por los hinchas de los equipos adversarios, dentro de los cuales me cuento, Aristizábal supo amar la camiseta de su club como muy pocos hoy en día lo hacen. Nunca fue el crack de las gambetas ni de la lírica, pero aún así, es el goleador histórico extranjero del fútbol brasileño.

Su exitoso paso por las tierras de Pelé, Zico y Ronaldinho, donde muy pocos foráneos triunfan, fue tal vez el premio más significativo a un hombre a quien Colombia le dio con un garrote durante mucho tiempo, pero que calladito, con sus actuaciones dentro de la cancha, donde convirtió 355 goles que lo hacen el jugador colombiano que más veces reventó la valla, nos obliga hoy en su adiós, a quitarnos la camiseta y el sombrero para despedirlo con admiración y agradecimiento.

 

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