El menosprecio a los mayores de 70

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Una resolución del Ministerio de Salud ordenó que los mayores de 70 años permanezcan confinados hasta el 31 de agosto, y las disposiciones posteriores que han ido flexibilizando la cuarentena mantienen para ellos un régimen más severo. La razón que en ellas se invoca para justificar esas restricciones es que, al tratarse de población muy vulnerable frente al COVID-19, es necesario adoptar medidas de protección sanitaria en su favor. Aunque las normas no lo dicen, se afirma que la decisión se justifica también para evitar que el aumento de contagios en ese sector incremente más allá de sus límites el uso de la infraestructura hospitalaria, en detrimento de la población en general.

La OMS ha advertido que entre los grupos de riesgo no están solamente los mayores, sino también los hipertensos, los diabéticos, quienes tienen patologías cardíacas y los obesos, entre otros. Una rápida mirada a las cifras muestra que en Colombia el porcentaje de personas que padecen esas enfermedades es muy superior al de los mayores de 70 años, por lo que el impacto que podría causar en ellos el coronavirus es potencialmente mucho más alto. ¿Por qué no confinar, por ejemplo, a todas las mujeres y hombres que tengan cinturas con diámetros superiores a 88 y 102 centímetros respectivamente, o a quienes tengan una presión arterial superior a 120/80?

Pese a que es evidente que si todos quienes se encuentran en mayor peligro de ser afectados por el coronavirus fueran aislados se disminuiría sensiblemente la probabilidad de colapso del sistema de salud y el número de muertos por causa del virus, el Gobierno no lo ha hecho porque entiende que con adecuadas medidas de prevención esos individuos pueden evitar el contagio. ¿Por qué entonces a los mayores de 70 no se les da la misma opción que a esos otros grupos de adoptar precauciones frente al contagio? Si el propósito de su estricta reclusión es evitar que tengan contacto con otros ciudadanos sin cumplir con los protocolos de higiene, ¿por qué no extender ese aislamiento a todos quienes convivan con un septuagenario? ¿No son acaso ellos susceptibles de contagiarlos después de estar en contacto con otros individuos durante sus salidas a trabajar o a hacer compras?

La única respuesta que se me ocurre para explicar este trato diferencial es que el Gobierno piensa que los hipertensos, los diabéticos y los obesos tienen el suficiente discernimiento para lavarse las manos periódicamente, usar tapabocas y mantener la distancia con los demás, porque cree que quienes comparten hogar con personas mayores son lo suficientemente responsables como para evitar cualquier imprudencia que pueda propiciar su contagio. Pero que, por el contrario, asume que quienes tienen 70 años o más no son capaces de entender los peligros del virus o carecen de la sensatez y raciocinio necesarios para comprender y llevar a la práctica las medidas higiénicas de prevención. Esa inaceptable minusvalía intelectual que se les pretende endilgar comenzó con su etiquetamiento como abuelitos, y continúa con la discriminatoria orden de confinamiento que debería ser levantada por el juez de tutela que hoy revisa su situación.

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