Por: Iván Mejía Álvarez

El mensaje de Umaña

En medio de la profunda crisis institucional que vive el fútbol colombiano, equipos recontra quebrados, presencia de “narcos” y “paras” en las plantillas directivas, escaso espectáculo en la cancha y alejamiento masivo en las tribunas, violencia en las gradas por cuenta de los delincuentes disfrazados de “barras bravas”, pésimos arbitrajes, pocos jugadores de categoría, violaciones permanentes a las leyes laborales, se inició un nuevo torneo y el saldo deja algunas cosas interesantes de cara al futuro. Porque no todo es malo, dirán algunos, que algo se tiene que rescatar, dirán otros.

Por fin, tras mucho luchar, tras mucho argumentar, tras hacerles ver jornada a jornada que la reglamentación era completamente absurda, Jesurún y sus congéneres admitieron que era un despropósito de marca mayor, un atentado a la sensatez, encadenar la Copa Mustang y la Copa Postobón y hacer pagar las fechas de suspensión en los dos torneos.

Ahora, como tenía que ser desde un principio, la Postobón es una cosa y la Mustang otra, con premios distintos, con intereses opuestos. No era tan difícil llegar a esa conclusión, se vio desde el primer día que la reglamentación tenía fallas y que era menester cambiarla, pero como Jesurún está convencido de ser el dueño absoluto de la verdad revelada, costó un año y medio de torpezas y decisiones en contravía.

Lo que no se entendió fue el fallo absolviendo al América de la sanción a su plaza. Fue una decisión política, incongruente sobre algo que ya era cosa juzgada. A la luz de la aplicación estrictamente jurídica, un adefesio.

De una vez, el presidente de la Dimayor debe ir estudiando cómo reformular la reglamentación de competición de la Copa Postobón. Esas eliminatorias en grupo con multitud de partiduchos sin interés son un atentado a la lógica. Las copas son eliminatorias directas, ida y vuelta, y listo.

Otro tema, conmovedora la pancarta que mostró Umaña en Cúcuta invitando a la afición roja a que asista al estadio Pascual Guerrero. Él es el único tipo que hoy puede convocar a la hinchada americana para que apoye la causa antes de que llegue el diablo y escoja entre “sus dueños”.

El problema del América es muchísimo más grave de lo que la gente imagina y no pasa por siete quincenas sin pagar o rebelión de los jugadores por deudas sin pagar. Es un terrible problema de fiscalía que en cualquier momento estalla.

Umaña tiene razón, la hinchada roja tiene que asistir al estadio para demostrar que quiere que el equipo viva… por ahora.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Iván Mejía Álvarez

Fracaso anunciado

Boca-River

Otro fracaso

Despierte, Ramón

Bucaramanga