Por: Yolanda Ruiz

El mensaje detrás de una consulta

Muy diciente la votación en el Congreso frente a la consulta anticorrupción: 84 votos a favor. Si bien esta idea en la que se empeñó la Alianza Verde generó debate en las bancadas y algunos senadores se abstuvieron y otros más opinan que no es necesaria, más allá de las consideraciones sobre cada punto de la consulta, el hecho político es importante porque muchos senadores no votaron precisamente por su convicción personal, sino respondiendo a un mensaje ciudadano que es muy fuerte: hay que decir no a la corrupción y no hacerlo puede costar.

Por eso, aunque circularon rumores de aplazamientos de la votación y algunos dijeron que el Senado podía incumplir la cita pactada, al final terminaron sacando adelante la consulta porque hoy nadie quiere quedarse por fuera del tren anticorrupción, una bandera que algunos levantan de manera oportunista en la temporada electoral y que otros han convertido en su razón de ser de manera legítima.

Insisto en que es válido el debate sobre si es necesaria la consulta o no y también es importante que se haga la pedagogía sobre cada punto de ella porque algunos críticos dicen que podría caerse en la revisión de la Corte Constitucional. Sin embargo, dejando aparte lo que resulte y aun si los ciudadanos rechazan una o varias preguntas, este hecho tiene fondo: si la consulta logra los 12 millones de votantes en las urnas, tarea nada fácil en un país de abstención, reformas aparte, será un mandato ciudadano a todos los dirigentes para que se encuentren caminos que le vayan cerrando el paso a la corrupción.

La votación en el Senado refleja que el hastío de los ciudadanos frente a todo tipo de carteles y carruseles comienza a tocar las fibras que duelen de algunos políticos acostumbrados a hacer de las suyas con total desprecio por las leyes y la ética. Por supuesto que están los que siguen siendo lobos que se ponen la piel de oveja de la anticorrupción, pero por lo menos se disfrazan porque comienza a pesarles el miedo ante el reclamo social que se manifiesta de múltiples maneras.

La consulta se suma a la acción conjunta de los organismos de control que, a pesar de algunos excesos mediáticos, vienen haciendo una tarea de no tolerancia frente a los hechos de corrupción y al vandalismo con los recursos públicos. Pero pesan sobre todo las manifestaciones de los ciudadanos, de jóvenes especialmente que han convertido a internet en su tribuna y que se manifiestan para rechazar a los corruptos de todos los colores. Esos memes que circulan en las redes, esas críticas irreverentes de blogueros y youtubers están creando un ambiente distinto en el cual la lucha contra la corrupción se convierte en una tarea inaplazable que va más allá de la orilla ideológica. “Que por lo menos no roben”, dice la gente.

Es cierto que a veces esas críticas se desbordan hacia el matoneo o linchamiento virtual y circulan muchas noticias falsas para enlodar con denuncias que no son ciertas a los enemigos políticos, pero es bueno ver que la ciudadanía se empodera y se siente con la posibilidad de exigir más a sus líderes y también a los medios de comunicación que ahora tenemos mil ojos que nos rondan y mil voces que reclaman.

Esta consulta y esa votación arrolladora en el Senado marcan un punto de inflexión. La pregunta ahora es si los ciudadanos la llevarán hasta el final votando en las urnas, pero lograr que un Congreso con tantos matices vote de esa manera un proyecto que parece unificar es un hecho político importante. Coincidieron en el voto por la consulta los extremos políticos, el centro y los camaleones de siempre que no quieren morir ahora que la sociedad está reclamando algo más. Ojalá los ciudadanos sean superiores a sus líderes.

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