Por: Cartas de los lectores

El mensajero mundial de la paz

El cantautor argentino Facundo Cabral, asesinado el pasado sábado en Ciudad de Guatemala, en sus interpretaciones siempre nos habló de la tolerancia, de sus creencias en Dios; también de las enseñanzas, la vida y la muerte ocuparon muchos espacios de su pródiga creación en libros, mensajes y cantos.

Aunque las circunstancias de su muerte aún se desconocen, es válido destacar el pensamiento de su amigo, paisano y colega Alberto Cortez, quien afirmó que “no tiene sentido pensar en un atentado, podría tratarse de una fatal confusión”.

En 1996, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) lo declaró “el mensajero mundial de la paz”; había nacido en La Plata, provincia de Buenos Aires, el día 22 de mayo de 1937. En una de sus interpretaciones nos enseñó que “la cuna a la tumba es una escuela”, sostuvo que “el que murió, simplemente se nos adelantó” y afirmó que “la vida es una fiesta”.

Con sus logros artísticos, como un juglar entre la espiritualidad y la protesta, Facundo Cabral permanecerá en nuestra vital existencia y por lo mismo cada vez que lo escuchemos nos dará una magnífica lección de vida. Hoy le podemos decir, “gracias maestro”.

Jorge Giraldo Acevedo. Bogotá.

Facundo Cabral

“Cuando un amigo se va queda un tizón encendido, que no se puede apagar ni con las aguas del río...”, versos de Alberto Cortez para despedir a su amigo-hermano Facundo Cabral, asesinado en Guatemala justo el 9 de julio, día de la Independencia de Argentina. Cabral, de 74 años, poeta, trovador argentino universal, muy querido y admirado en Colombia, deja una enorme tristeza en Latinoamérica y el mundo. No soy de aquí ni soy de allá, éxito de los años 70 que lo catapultó a la fama, Entre Dios y el diablo, El oficio de cantar, etc. Postulado por el costarricense Nobel de Paz Óscar Arias a este galardón, mensajero mundial de la Unesco en 1996, encontró la muerte en plena gira. Entre sus libros encontramos: Mi abuela y yo, No estás deprimido, estás distraído; Ayer soñé que podía y hoy puedo, traducidos al mandarín y al japonés. Los poetas no mueren, trascienden con la luz de las estrellas.

Helena Manrique. Bogotá.

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