Por: Catalina Uribe

El mercado y los profesores

La semana pasada el senador estadounidense Mark Chelgren propuso una reforma educativa para que el desempeño de los profesores se mida únicamente a partir de las evaluaciones de los estudiantes.

El argumento que dio para justificar la propuesta: “Los profesores tienen que entender que los estudiantes son sus clientes”. Al mismo tiempo Colombia vive el paro de maestros a la cabeza de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode). Quienes apoyan el paro aluden a las deficiencias actuales en los sistemas de clasificación, la base salarial y los incentivos.

Estos últimos no se equivocan. Las malas condiciones en las que se encuentran muchos maestros son indiscutibles. Pero más allá de si la ministra Parody y Fecode están siendo intransigentes en la negociación, hay un problema de fondo que se refleja en la declaración del senador Chelgren: la educación se sigue pensando no sólo como un bien cualquiera, sino como un bien de segunda, y esto incide en su valoración. Sabemos que la educación es importante, como creemos que el medio ambiente lo es, pero esa importancia nos parece ambigua e intangible, casi un lujo.

Este entendimiento de la educación va generando una realidad de la cual se nutre el mercado. Los alumnos son clientes, la calidad de la educación no importa y los profesores no merecen ganar tanto. Sin embargo, no es el mercado quien quita el valor a la educación y, con ella, a los maestros; somos nosotros. Mientras sigamos creyendo que la educación es una suerte de profesión inferior y secundaria a la que se dedican quienes no pudieron con más, las cosas no van a cambiar. Como escribí en una pasada oportunidad, si la sociedad entera no valora a quien enseña su valor no puede ir sino en caída. El problema es que con éste cae también el valor de la sociedad.

 

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