Por: Hugo Chaparro Valderrama

El miedo en clave fantástica

A finales del 2001, el director colombiano Lisandro Duque estrenó Los niños invisibles. Una historia acerca de la fantasía y las supersticiones del mundo infantil.

Su publicidad aseguraba que los protagonistas de la película “para verlo todo tenían que desaparecer”. Felizmente la aventura transcurría sin que la anhelada “desaparición” fuera un sinónimo de la tragedia nacional. Al contrario: anunciaba los deseos de unos niños que soñaban con ser invisibles. Significó “un alto al fuego en la pantalla”, como aseguró entonces Duque, refiriéndose a la posibilidad de enseñar otro país dentro del país de la violencia.

Dos décadas atrás, en 1979, Víctor Gaviria se estrenaba como director con un cortometraje sobre niños ciegos: Buscando tréboles. Nacía un estilo y una filmografía que en el transcurso de los años y de títulos tan emblemáticos para el cine colombiano como Rodrigo D. No Futuro (1990) o La vendedora de rosas (1998), enseñaron una mirada compasiva ante el drama de sus personajes, descubriendo un insólito lirismo entre las ruinas del crimen, con una dramaturgia donde los actores naturales definían el tono y la autenticidad de sus relatos. En 1999, Gaviria, Erwin Goggel y Sergio Navarro concluyeron un documental, Cómo poner a actuar pájaros, donde se registra la preparación del reparto que trabajó en La vendedora de rosas. El “Método Gaviria” reveló así las dificultades, pero también las recompensas, cuando se filma con niños; un trabajo aún más arduo cuando pueden comportarse como pájaros inquietos en frente de la cámara.

Entre la fantasía de Lisandro Duque y la dirección de actores según Víctor Gaviria, la tercera pieza del rompecabezas la encaja el primer largometraje de Gloria Nancy Monsalve, Los últimos malos días de Guillermino (2007). Una relación que no es gratuita cuando en la historia cinematográfica de Gloria Nancy se cuenta un “detrás de cámaras” realizado durante el rodaje de La vendedora de rosas y un lugar donde se encuentran las paralelas -el escenario de un pueblo y de sus fantasías-, que sirvieron para el tema y la trama tanto de Los niños invisibles, como para la historia que se narra de Guillermino.

Un viaje hacia el miedo, que se inicia de una manera inocente en la primera secuencia del filme cuando Guillermino y sus amigos se divierten asustando a los vecinos. Después se completa el panorama: alrededor de Guillermino se presenta su vida familiar; la provincia, la religión y la beatería recurrentes en las ficciones realizadas por la geografía del Sagrado Corazón; los ecos de la violencia que agobiaron a Colombia en la década de los 50; el color del Eje Cafetero con sus ruanas, sus haciendas, sus tiples y la autenticidad de su coloquialismo; las historias de fantasmas y el crecimiento de un grupo de niños, asomándose fortuitamente al mundo de los adultos.

Matices que componen una exhibición folclórica de lo que representa un fragmento de Colombia, pero también algo más: un cuadro de costumbres que cruza más allá de la claustrofobia provinciana cuando empieza a dialogar de una manera sencilla con cualquier espectador y, quizás, con los recuerdos de su infancia en la época de los misterios y de sus descubrimientos. Un tiempo que define la narración de la película y hace del lugar común algo excepcional por la forma como se moldea en la historia la presencia de Guillermino (Cristian Fernando Orozco) y del reparto que lo acompaña.

Como en el cine iraní, que a partir de los años 90 mostró una lección de estilo para trabajar con niños y, a través de ellos, describir el mundo de los adultos, el carácter anecdótico de Guillermino, que describe, secuencia tras secuencia, su entorno, permite que nos acerquemos al país desde otra perspectiva, aprovechando la tradición que lo antecede y prolongándola con un relato de estructura clásica —inicio, nudo, desenlace—, a la manera de un cuento infantil donde cada episodio contribuye a la explicación de sus fantasmas. Nos preguntamos: ¿cuándo rodará su segundo largometraje Gloria Nancy Monsalve? La respuesta, en términos cinematográficos, es incierta por el azar de la producción. Sin embargo, esperamos que sea pronto.

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