Por: Columnista invitado

El miedo en Transmilenio debe ser superado

Un investigador de Corpovisionarios explica por qué las estrategias para evitar colados son ineficientes y cómo deberían implementarse.

Ya llevamos varios meses siendo testigos de la imposición de una norma social ilegal y peligrosa: la aceptación de colarse en el sistema de transporte masivo de Bogotá, y quienes no usan Transmilenio, son testigos gracias a los medios. 
 
Y la imposición de esa norma no es algo que haya aparecido de improviso, sin avisarse; es producto del evidente abandono del Distrito a las estrategias de pedagogía necesarias para promover un buen uso del sistema. Abandono que lleva ya varios años y que ha permitido no solo que esos usos indebidos florezcan, sino que sean justificados y tolerados por los usuarios, por los funcionarios del sistema, por la Policía y por los propios funcionarios del Distrito que deberían prevenir esos usos inadecuados. Porque no se trata solamente de las personas que se arriesgan colándose en las estaciones, también tiene que ver con la proliferación de cantantes, mendigos, vendedores y ladrones, entre otros, que elevan la sensación de que en Transmilenio todo vale, de que es un lugar sin orden, de que los buses rojos inevitablemente deben parecerse a casi todo lo público en este país: son de todos y por lo tanto no son de nadie.
 
En este panorama, la sociedad, los medios de comunicación, la Policía y todos los ciudadanos exigen medidas. Pero cuando en Colombia se exigen medidas, se acude al miedo para tratar de garantizar el cumplimiento de las responsabilidades ciudadanas.
 
De inmediato se habla de multas, de planas escritas, de cárcel, de servicio social y hasta se ponen los ejemplos de los heridos y los muertos en los medios de comunicación, pensando que si los asustamos lo suficiente y logramos que entiendan por las malas que pueden ser castigados y pueden hasta morir, entonces lograremos que se comporten de manera adecuada.
Ni una palabra de la pedagogía necesaria, ni una palabra de cultura ciudadana. Los problemas los solemos tratar de arreglar así, castigando. Pero los colados y los malos comportamientos en Transmilenio son un asunto que también tiene que ver con la estética: cuando un acto nos parece feo, normalmente pensamos que es incorrecto y nos esforzamos por evitar que suceda. Pero cuando un acto se naturaliza, lo realizamos a diario y lo justificamos, entonces, por más ilegal que sea, por más que nuestras vidas estén en riesgo, si nos parece que es correcto (porque hay congestión, porque debería ser gratis, porque el servicio es malo, etc.) y no nos parece feo, entonces lo vamos a aceptar y lo vamos a valorar positivamente.
 
La pedagogía que debemos realizar en torno a Transmilenio debe ser cualitativamente diferente a las pedagogías escolares. No se trata de hacer saber a las personas que es peligroso colarse por las puertas de los vagones, ¡la gente ya lo sabe! No se trata tampoco de explicarles las sanciones porque la mayoría intuye que los pueden sancionar o se enteraron por los medios de comunicación. La pedagogía que debemos realizar debe apuntar a construir una norma social que cumpla con criterios como creer que todos cumplimos con las normas de Transmilenio, creer que las personas cumplen porque están comprometidas, creer que cumplir es lo mejor para todos, creer que si incumplo las normas todos me van a rechazar, sentir disgusto de solo pensar en transgredir las normas.
 
Con la implementación de pedagogías alternativas que ayuden a consolidar normas sociales podremos superar la era del miedo y del castigo, que ha demostrado con creces ser insuficiente para consolidar un ciudadano comprometido, responsable y cumplidor de normas.
 
El problema de Transmilenio nos permite evidenciar un tema de fondo. Nuestros ciudadanos siguen pensando que los acuerdos sociales (estipulados parcialmente en la ley, pero también en los acuerdos privados como los turnos para lavar la losa en la casa) pueden evadirse, pueden incumplirse y al final no son importantes porque las otras personas terminan perdonando y aceptando esos comportamientos problemáticos.  
 
El miedo debe ser superado, como sociedad debemos apuntar a consolidar ciudadanos comprometidos con el cumplimiento de los acuerdos sociales y con el rechazo a la violencia en cualquier instancia.
 
*Eduardo Ignacio Gomez Carrillo, Investigador Corpovisionarios
 
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