Por: Armando Montenegro

El ministerio de primera infancia

EN EL SEMINARIO ACADÉMICO DE la Fundación Éxito sobre la atención de la niñez en sus primeros años de vida, una tarea crucial para la lucha contra la desigualdad, se discutió la propuesta de elevar el manejo de las políticas y programas para la primera infancia al nivel ministerial, tal como ocurre en numerosos países y lo aconsejan las mejores prácticas en la materia.

Los estudios, reseñados por la directora del CEDE, Raquel Bernal, en sus trabajos para la Comisión de Equidad y Movilidad Social, muestran que hay dos caminos: (i) asignar el tema de la primera infancia al Ministerio de Educación, donde probablemente debería establecerse un viceministerio especializado, o (ii) crear un nuevo ministerio dedicado exclusivamente a este asunto.

En forma paralela a la adopción de cualquiera de estas dos alternativas sería necesario que: (i) el Bienestar Familiar pasara a tener únicamente funciones operativas, dedicadas exclusivamente a la primera infancia, y el ministerio asumiera la planeación y el diseño de políticas (algunas funciones del Bienestar que no tienen que ver con la primera infancia serían trasladadas a otros organismos del Estado), y (ii) como el tema de la infancia involucra numerosas dimensiones de la política social, se requeriría la conformación de eficaces órganos de coordinación con entidades como el Ministerio de Salud y el de Educación, el DPS, los municipios y el DNP.

Si el Ministerio de Educación tuviera una gran capacidad institucional, sería recomendable que esta entidad se hiciera cargo de la primera infancia, dentro de una concepción general de la formación de capital humano en el país. Como esto no sucede, se propone crear un ministerio nuevo, con alta capacidad técnica, dedicado exclusivamente a la primera infancia.

¿Cuál sería la tarea de este ministerio? Ni más ni menos que ejecutar un plan para lograr la cobertura total de los servicios de atención a la primera infancia en Colombia, con estándares de buena calidad, un plan que, según los estudios de Raquel Bernal, exigiría que se duplicaran los recursos presupuestales que hoy se dedican a ese propósito (los gastos llegarían al 0,7% del PIB). Este plan requiere que, en forma gradual, los niños tengan que ser atendidos por profesionales en pedagogía o psicología infantil, en lugar de las madres comunitarias de hoy (aunque algunas de ellas podrían ser capacitadas para alcanzar los estándares requeridos). Y los precarios hogares comunitarios del presente deberán ser reemplazados por modernos CDI, centros de desarrollo infantil: guarderías modernas, bien dotadas, capaces de proveer servicios semejantes a los que reciben los niños de las clases medias y medias altas.

El reemplazo de los 77.000 hogares comunitarios por CDI será un esfuerzo financiero que costará más del 1% del PIB, una tarea que por su magnitud debe ser gradual, con el concurso de los recursos de municipios y departamentos, y con la inversión de un componente importante de las regalías.

Si Colombia desea tomar en serio sus enormes problemas de desigualdad e inequidad, es imperativo realizar una verdadera revolución en la atención a la primera infancia. Esta propuesta, discutida y apoyada por varios participantes del seminario académico de la Fundación Éxito, quedará a la consideración de los candidatos de las próximas elecciones presidenciales.

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