Por: José Fernando Isaza

El mito precede a la ciencia

NO HAY ACUERDO CON LA ANTErior afirmación. Muchos científicos como M. Wassermann consideran que la certidumbre del mito es un obstáculo para el conocimiento.

Otros piensan que el mito y la ciencia buscan, con métodos diferentes, respuestas a las preguntas que acompañan a la humanidad. ¿Por qué existe algo y no nada? ¿Cómo se creó y evolucionó el cosmos? ¿Tiene un propósito el universo? ¿El futuro está predestinado? Hoy se acepta que no es objeto de la ciencia dar respuestas a preguntas como: ¿Existe Dios? ¿Interviene Dios en la actividad humana? ¿Hay vida después de la vida?

El período del Renacimiento coincide con la consolidación del método científico que une el mito y la ciencia. Los grandes astrónomos Copérnico y Kepler, que destronaron el modelo geocéntrico, los planetas y el Sol orbitando alrededor de la Tierra, son a la vez astrólogos oficiales, por convicción o como un medio de ganarse la vida. El mayor científico de la historia, Newton, combina la observación, la geometría, su invención el cálculo diferencial, con la metafísica, la alquimia. Explica la fuerza de la gravedad, que se ejerce a través del vacío, “por la mano inmediata del creador… o a espíritus sutiles que permanecen ocultos en todos los cuerpos masivos, por la fuerza y acción de estos espíritus, las partículas de los cuerpos se atraen uno a otro”. Con razón se llama a Newton el último gran mago. Einstein explica la gravedad por la modificación que hace la materia del espacio y del tiempo.

La Iglesia consideraba dogma de fe el modelo geocéntrico de Ptolomeo pues se ajustaba literalmente al texto bíblico “Josué habló al Señor y gritó en presencia de Israel: ¡Sol, quieto en Gabaón! ¡Y tú, Luna, en el valle de Ayalón!”.

Este sistema cósmico, además de discordancias con las observaciones astronómicas, enfrentaba una contradicción con un mito aceptado por Roma y descrito por el Dante en La Divina Comedia, la presencia de Lucifer en el centro de la Tierra, el punto más importante de todo el Universo. “Maestro mío… ¿cómo es que Lucifer se muestra al revés ahora, y en tan poco tiempo ha pasado el sol de la noche a la mañana?... Imaginaste todavía estar allá del centro donde me así yo al pelo del protervo monstruo … penetraste por el punto que de una y otra parte atrae a sí la gravedad del globo…”.

A diferencia de los mitos del infierno griego, en que hay un lago subterráneo con fondo, en el infierno de Dante el lago en el centro de la Tierra no tiene fondo, la gravedad lo estabiliza. La teoría gravitatoria de Newton permite demostrar cuatro siglos después que esto es posible.

Se va moviendo progresivamente el centro del universo de la morada de Satán. Bruno y Copérnico ponen a girar los planetas en órbitas circulares alrededor del Sol, el círculo se consideraba trayectoria natural, el modelo no se ajusta a las observaciones. Kepler da un paso adelante, considera que son órbitas perfectas las secciones cónicas, la elipse, la parábola, la hipérbola y la recta. Coloca el Sol en un foco, no en el centro, de las elipses de las órbitas planetarias. Afirma que ese sol alrededor del cual se mueve el cosmos es la catedral magnífica del creador. El cosmos no gira alrededor del maligno sino del creador. El mito del infierno de Dante obliga a modificar el sistema de Ptolomeo, el nuevo orden se ajusta mejor a las observaciones astronómicas.

*Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

 

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