El momento de la justicia digital

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Las proyecciones señalan que la pandemia del coronavirus permanecerá por lo menos dos años más con la humanidad. La OMS ha afirmado que no podrá haber una vacuna viable antes de 12 meses y que luego de ello habrá que esperar por lo menos un año más para su distribución a nivel mundial. Por ello hay que acostumbrarse a vivir en esta nueva normalidad en la cual el teletrabajo y la comunicación digital deben ser la regla para evitar que se paralice toda la sociedad.

Uno de los sectores más afectados por el COVID-19 es el de la justicia, pues desde hace décadas los procedimientos han pasado a ser orales y en este momento no es viable realizar audiencias presenciales en ningún lugar. Este esquema no va a poder seguir funcionando durante al menos un año y la justicia no se puede paralizar por ello, pues se puede presentar una prescripción masiva de los procesos penales, la caducidad de las acciones civiles, la afectación de miles de abogados y lo que es más grave: el imperio de la injusticia.

La Corte Constitucional, el Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia han dado gran ejemplo sobre cómo funcionar en esta pandemia. Los tres están profiriendo decisiones de manera eficiente y haciendo algunas audiencias virtuales. Este es el camino, no solamente para superar esta crisis, sino también para mejorar la eficiencia en el sistema. Las dificultades de este modelo son bastantes, pero también existen formas de solucionarlas:

1. La primera es la paradoja de la oralidad. Creada para volver más eficiente y rápida la administración de justicia, hoy se ha convertido en un obstáculo porque en procesos escritos bastaría simplemente escanear el expediente y recibir los memoriales y recursos por internet para que el sistema funcione. Sin embargo, la tecnología permite que existan cada vez más alternativas para hacer audiencias virtuales. En el arbitramento, por ejemplo, se están utilizando de manera muy eficaz aplicaciones como Zoom, Teams y Google Meet, y los procesos fluyen más rápidamente.

2. La segunda es la articulación del procedimiento. En Colombia nos acostumbramos a las audiencias interminables con alegatos que parecen más discursos veintejulieros que argumentaciones jurídicas. Debemos cambiar esa mentalidad para volvernos más concretos y concentrarnos en el análisis de las pruebas y de la aplicación de la ley.

3. La tercera es el manejo de los datos. Muchos países ya aplican sistemas de big data judicial que permiten la búsqueda cruzada de información y decisiones más objetivas. Si se digitalizan todos los procesos del país, un juez podrá obtener pruebas de cualquier lugar en segundos para condenar a los culpables y absolver a los inocentes.

4. La cuarta son las barreras tecnológicas. El internet no funciona bien en muchas regiones del país y por ello debe mejorarse la logística de las instalaciones judiciales.

Ojalá se adopten decisiones para dotar a nuestros jueces de herramientas digitales, porque la justicia es tan importante para un Estado como la salud de sus ciudadanos. Si se hace el esfuerzo suficiente, el legado que quedará podrá ser una justicia más dinámica, con menos aplazamientos y, sobre todo, un cambio de mentalidad de las nuevas generaciones sobre la importancia de la eficiencia de la administración de justicia.

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