Por: Pedro Viveros

El mundo: ¿la gobernabilidad de la sospecha?

Doris Kearns Goodwin, una de las mas destacadas historiadoras norteamericanas, se pregunta en uno de sus recientes libros, “Leadership lessons from the Presidents for Turbulent Times”, ¿los líderes moldean los tiempos o son los tiempos los que convocan a los líderes? Difícil respuesta sobre todo en épocas donde el liderazgo mundial, encarnado en un solo individuo, parece pasado de moda. Hoy la gobernabilidad mundial es la sospecha.

Al echar una mirada rápida a los mandatarios obligados por la historia reciente a llevar la batuta en materia de liderazgo global, los podríamos definir así: Donald Trump busca respuestas en dos líneas: terrorismo e inmigración. Angela Merkel en una línea: no perder el poder en Alemania. Theresa May o saca el Brexit o la sacan a ella. Emmanuel Macron está enfocado en asuntos sociales internos. Vladimir Putin, entre el neozarismo o consolidarse en un líder en su region (incluida China). Xi Jinping entre consolidar su expansión económica mundial o abrir el grifo político en alguna medida. Ram Nath Kovid, presidente de la India,  en transformar un país donde el cincuenta por ciento de sus mujeres no tienen grado de escolaridad. Todos los temas son de fronteras para adentro. No hay temas macros. ¡No hay nada más efímero que un liderazgo personalista!

La sospecha de una ingobernabilidad local no deja ver las causas globales que se ciernen sobre el mundo. La incertidumbre por la falta de soluciones a los problemas en sus aldeas permite en la actualidad que las causas ciudadanas marquen el rumbo de un barco sin capitán. En otras palabras, si Winston Churchill existiera en la hora actual, nadie hubiera conocido su nombre.

De los tiempos de César Augusto, quien para gobernar ese mundo recurrió a un triunvirato como primer paso para ser emperador y gobernar solo ese mundo por más de cuarenta años, a la reina Victoria de Inglaterra quien fue el verdadero poder del mundo en su Europa, para llegar al poscomunismo y al de las dos  guerras mundiales, los habitantes de la tierra siempre buscaron a alguien que enmarcara el futuro del mundo. Un amo con diferente nombre.

La idea de algunos acádemicos occidentales en el sentido de interpretar  la pos-Guerra Fría como aquel espacio donde surge una especie de gobernabilidad compartida por  tres potencias: Estados Unidos, Rusia y China, para dirigir el rumbo mundial, choca abruptamente con la mirada interna de los neociudadanos globales.

El posnacionalismo, posmultilateralismo, poseuropeismo, posamericanismo y la pos-Guerra Fría le dieron paso a la era de la erupción de temáticas como el racismo, inmigración, drogas, terrorismo, cambio climático, cuarta revolución, todos fenómenos globales, donde la mirada exclusiva de mentes superiores parece quedarse corta. El nuevo poder genera la sospecha de tener como respuesta a esta problemática, lo que Moisés Naím define como “hoy el poder es mas facíl de obtener, más difícil de ejercer y mas fácil de perder”. El problema global lo quieren curar con remedios caseros.

La sospecha de ver a los políticos como reyes desnudos. La idea permanente de sospechar de las decisiones tomadas por sus Estados. Un mundo enmarcado en un algortimo como Google, Facebook, Twitter, cibernegocios, fake news, los ciudadanos quieren saber con certeza ¿quién los gobierna? Sospechamos que los ciberciudadanos quieren dejar de lado el servilismo ancestral y recurrir a que los reten, siempre con su participación.

Es el momento de pasar de la sospecha al reto.  Un desafío que nazca con el objetivo esencial de entender que la nave cambió. ¿Colombia está preparada para tamaña provocación?

(En la siguiente columna respondo a este reto).

@pedroviveros

 

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