Por: Nicolás Rodríguez

El negacionismo como estrategia

POCO O NADA DEBERÍA IMPORTARnos si el coronel Plazas Vega pasa uno, treinta o ningún año en la cárcel por los delitos de desaparición forzada.

Eso de participar con pancartas y aplausos en la celebración de la pérdida de libertad de otro ser humano, sea terrorista, violador o simple raponero, es bastante irresponsable. Ser mandado a una cárcel colombiana también debería ser un delito.

Otra cosa muy diferente es si el proceso que se le sigue al Coronel ha sido justo y si, como lo suponen algunos columnistas, las pruebas y los testigos no permiten una condena. Sobre eso se puede discutir, ojalá y con menos mentiras y triquiñuelas, que es con lo que suele uno encontrarse en los defensores de la familia, la propiedad y la tradición (y la patria y los militares y las armas y las armas que los militares utilizan para salvar la patria).

Con todo, nada de esto tiene mucho que ver, al final, con el destino de las personas que ingresaron al Palacio de Justicia y no volvieron a ser vistas por sus familiares. Su historia no se reduce a la del exmilitar.  Sin embargo, de la inocencia de éste (o de la incapacidad para demostrar su culpabilidad), algunos columnistas, que en realidad siempre son los mismos, infieren que nunca hubo desaparecidos. De nuevo, entonces, el negacionismo como estrategia para salvar al coronel, que ya está en retiro pero cuenta con leales peones.

Ese es, en últimas, uno de los problemas de permitir que los fallos de la justicia (o sus inconsistencias, que siempre son noticia) se conviertan en el lugar desde el que se definen las verdades sobre los hechos del pasado. Un mal comienzo, pues, para la Ley de Víctimas, cuya fecha de inicio es justamente la de 1985.

De acá que garantizar la presencia del Grupo de Memoria Histórica sea, a la larga, tan importante como la propia ley. En las reparaciones, se podría decir, no termina el conflicto.

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