Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El negocio de desinformar

El senador Álvaro Uribe tiene derecho a defenderse de las denuncias que se formulen en su contra, así él no le hubiese reconocido esa garantía a sus contradictores en la seguridad democrática.

Así debe ser el debido proceso, aplicable a toda situación y a cualquier persona, sin importar que quien se beneficie del mismo lo haya ignorado o pisoteado.

Pero a lo que sí no tiene derecho el senador Uribe, ni nadie, es a ejecutar una multitud de maniobras encaminadas a desprestigiar a una fiscal, a quien ha venido hostigando y poniéndola en grave riesgo a punta de trinos, con cuentos que no tienen ni pies ni cabeza, todo ello para que suene verosímil la versión de que él y sus amigos son perseguidos políticos.

La idea que a través de Twitter ha lanzado el senador antioqueño es la de que a su exdirectora del DAS, María del Pilar Hurtado, la han torturado para que declare en contra de su exjefe. Según el propio Uribe, la torturadora ha sido la doctora María Victoria Parra, fiscal delegada ante la Corte Suprema de Justicia, quien entre otras cosas acusó a los condenados Bernardo Moreno y María del Pilar Hurtado por el espionaje contra varias personas, entre otras contra quien escribe esta columna.

La manera simplista como Uribe acusa a la fiscal Parra de prevaricato o de lanzar afirmaciones que ella no ha hecho es realmente sorprendente. Según el senador, la doctora Parra llegó un buen día al sitio de reclusión de María del Pilar Hurtado a pedirle que declarara contra Uribe, por cuenta supuestamente de odios políticos. La historia no es así. Lo que no cuenta Uribe, y obviamente lo sabe, es que no fue Parra quien buscó a Hurtado, sino todo lo contrario. En efecto, fue María del Pilar quien pidió en varias ocasiones hablar con la doctora Parra, para estudiar posibles beneficios por eventual colaboración con la justicia.

¿ Era ilícito que la fiscal Parra evitara el encuentro que le proponía Hurtado o que grabara sus conversaciones, como debió ocurrir con el consentimiento de la propia María del Pilar? Por supuesto que no. La Fiscalía tiene que oír a muchas personas, inclusive aquellas que estén al margen de la ley o condenadas, máxime si ofrecen información sobre hechos criminosos, como sucedió en este evento. Y no es ilegal grabar esa conversación, menos con el consentimiento de su interlocutor.

Pero allí no paran los desaciertos del senador Uribe en su feroz campaña de aniquilamiento moral contra la fiscal Parra. Al infundio de que ella torturó a María del Pilar Hurtado se suma otra falacia: que sindica a Uribe de quererla asesinar a ella y a la exjefa del DAS. Tampoco es cierta esta aseveración y Uribe también tiene que saberlo. En efecto, lo que sucedió simplemente fue que Yidis Medina, en una de las tantas audiencias adelantadas en el proceso contra Bernardo Moreno y María del Pilar Hurtado, le expresó que desde una cárcel le habían informado de supuestos planes para atentar contra la doctora Parra y varios sujetos envueltos en ese sonado litigio. La doctora Parra en principio no le dio importancia a ese rumor, pero al deliberar con varios colegas, éstos la convencieron de poner los hechos en conocimiento de la justicia, por lo cual formuló una denuncia penal en la que en ninguna parte se menciona a Uribe ni se le sindica de nada. Es el propio exmandatario quien ha tejido la fantasía de que la fiscal Parra lo está sindicando de delitos inconfesables, sin ser ello cierto.

En cambio Uribe, muy orondo, informa por Twitter que visitó en compañía de otra persona, cuya identidad no revela, a la detenida María del Pilar Hurtado, donde hablaron naturalmente del asunto que tiene enredado al senador sobre el espionaje realizado durante su gobierno, por cuenta del cual la Corte Suprema —a la que también califica de prevaricadora— le compulsó copias que lo investigaran.

En fin, primero cae un mentiroso que un cojo.

Adenda. Mientras Angelino Garzón negocia un aval con el Partido de la U, que nos cuente si su hija, Angélica, hasta hace poco de las filas liberales, está tratando de que el Centro Democrático le permita encabezar alguna lista en su nombre.

 

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