Por: Gustavo Duncan

El ‘no’ de la Iglesia

CUANDO EL CARDENAL RUBIANO señaló que veía inconveniente un tercer período de Uribe marcó lo que va a ser el pulso de fuerzas por la definición del poder en Colombia en el futuro inmediato.

El ‘no’ de Rubiano no significa que el ala conservadora de la Iglesia haya dejado de ser uribista, quiere decir más bien que su uribismo también tiene un límite. Igual sucede con otras advertencias lanzadas por grupos influyentes que hasta ahora han respaldado al Presidente como la Andi.

Es evidente que el actual presidente va por una nueva reelección, ya sus actuaciones y declaraciones no son ambiguas al respecto. Más aún, uribistas como Mauricio Vargas no se preocupan por saber las intenciones próximas de Uribe sino por saber sus intenciones frente a un cuarto mandato. Era aceptable que se rompieran ciertas reglas del sistema democrático en busca de resolver problemas urgentes como la amenaza de las Farc, la crisis económica e incluso la ausencia de unidad nacional en torno a un liderazgo político. Pero el temor a un desborde de ciertos sectores de la clase política a partir de la imposición de un autoritarismo moderado, expresado en el carisma de Uribe y la concentración de poder sobre las instituciones del Estado, lleva a muchos sectores influyentes a preferir un relevo en la Presidencia para evitar un desenlace riesgoso, incierto y costoso.

Hasta su segundo periodo el poder de Uribe estaba basado en el respaldo de sectores influyentes del país desarrollado y de la clase política profesional de las regiones. Se trataba tanto de una coalición como de una conciliación de intereses, puesto que el Presidente funcionaba como un árbitro que mediaba en los desacuerdos entre las partes e imponía el acatamiento de sus decisiones. El centro de la unidad era el carisma de Uribe, su capacidad de concentrar el respaldo de la mayoría de los colombianos en las urnas y en la aprobación a su gobierno.

Lo que se rompe en la coalición al día de hoy ante la inminencia del tercer período es el respaldo de los sectores urbanos que aplaudieron la gestión pasada. Los empresarios, los medios de comunicación, la Iglesia, centros de conocimiento y líderes de proyección nacional, saben que la perpetuación en el poder será: i) riesgosa, porque se fundamentará en reformas legales con todo tipo de arbitrariedades para institucionalizar un poder de facto, ii) incierta, porque ese poder de facto se desprende de la popularidad de Uribe, que en cualquier momento puede caer y llevar a una disolución y crisis de la estructura de poder, y iii) costosa, porque estará basada en el incremento del gasto público dirigido a mantener el respaldo de la clase política de las regiones.

De allí que el ‘no’ de la Iglesia es un anuncio más del uribismo de ciudad que las cuerdas que unen a la coalición de gobierno pueden llegar a un punto de tensión insostenible. Y en ese punto de quiebre el Presidente tendrá que apelar a la única fuerza que le queda: la clase política sin aspiraciones de poder nacional, con todos sus vicios de clientelismo y corrupción.

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