Por: José Fernando Isaza

El nobel de Literatura y otros negacionistas de la historia

El premio nobel de Literatura del 2019, Peter Handke, se puede catalogar como un negacionista de hechos históricos apabullantes por su crueldad. Se declaró partidario del serbio Milosevic cuando este fue el autor intelectual de la masacre de Srebrenica. Handke no dudó durante un tiempo en negar este genocidio. El nobel podrá ser buen escritor, pero no necesariamente buena persona. Luego de más de tres años de sitio, entre el 11 y el 15 de julio de 1995, el ejército serbio asesinó a casi toda la población musulmana en Srebrenica, localizada en Bosnia-Herzegovina. Al igual que 1.000 años antes, ejércitos cristianos apoyados por las tropas paramilitares realizaron el genocidio con clara intención de limpieza étnica.

Hasta julio del 2018, se habían identificado 8.372 asesinatos. El Museo de Memoria Histórica es sobrecogedor, es la vieja bodega de la planta de aluminio adonde llevaron a quienes iban a asesinar; no se le ha hecho ninguna clase de remodelación, los documentos fotográficos cuelgan de las paredes, la tenue luz es similar a la que vieron por última vez los asesinados. Hay unos grafitis escritos por los cascos azules holandeses, donde reflejan su profundo desprecio por los bosnios musulmanes y en particular por sus mujeres. Esto contribuye a explicar su nulo interés en protegerlos del genocidio inminente.

Para bien de la memoria histórica, ningún alcalde ha propuesto destruir la sombría bodega y construir allí unas canchas de fútbol sintéticas.

Es bien conocido el movimiento de los negacionistas del holocausto judío perpetrado por los nazis. Personajes como Jean-Marie Le Pen han manifestado que ese genocidio no ocurrió o que es exagerado el número de muertos: seis millones. Algunos campos de concentración y exterminio estuvieron localizados cerca de poblaciones alemanas, sus habitantes prefirieron ignorar qué ocurrió allí o aun negar su existencia.

Para que las generaciones venideras no olviden estos hechos de degradación humana, países europeos califican de ofensa criminal judicializable negar el holocausto.

En Colombia el negacionismo abunda: el actual director del Centro Nacional de Memoria Histórica, R. D. Acevedo, plantea que no existió conflicto interno. ¿Será que los siete millones de víctimas y desplazados eran “turistas internos”, como los vilipendió J. O. Gaviria?

Los asesinatos de personas inocentes e indefensas perpetrados por una facción del Ejército han sido negados por el comandante supremo del Ejército, el entonces presidente Uribe, con expresiones del tenor de “más que falsos positivos son falsas denuncias”, o “no estaban cogiendo café”. Ofrecía un manto de impunidad a estos asesinatos. A esto se agrega que la directiva 29 del 2015, emitida por el entonces ministro de Defensa, premia las bajas de “personas innominadas”, lo cual puede entenderse como una autorización de la pena de muerte. A esto agréguese la presión permanente del más alto comandante del Ejército para que se mostraran resultados contra la guerrilla, priorizando el conteo de cuerpos.

Afortunadamente, gracias a la presión de los medios de comunicación internacionales, se evitó que el accionar del Ejército tuviera como prioridad el censurable conteo de cuerpos, que hubiera desatado una nueva avalancha de falsos positivos.

¿Queda alguna duda de quién sugirió u ordenó el nombramiento del actual ministro de Defensa?

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2019-10-16T15:17:56-05:00

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