Por: Armando Montenegro

El nuevo magistrado

Por su impacto sobre decisiones cruciales para la vida del país, la elección de un magistrado de la Corte Constitucional debería basarse únicamente en el examen de las hojas de vida y las ideas de los candidatos.

 Infortunadamente, esta escogencia se ha convertido en un trámite más de la vida parlamentaria, con frecuencia sujeto a las más variadas transacciones e intercambios de favores.

De acuerdo con varios observadores, la terna a consideración del Senado es de una sola persona. El favorecido es, al parecer, Alberto Rojas Ríos, un abogado sesentón, muy cercano a la clase política, especializado en la defensa de congresistas investigados disciplinariamente y por pérdida de investidura. Los otros dos miembros, Martha Lucía Zamora y Alejandro Linares, serían simple relleno.

La suerte, en realidad, parece echada. Se ha conocido que Rojas, seguro y confiado, está invitando, desde ya, a un multitudinario coctel de celebración el próximo 10 de abril en un conocido establecimiento del norte de Bogotá.

La cercanía de Rojas con sus cuestionados clientes, además de su edad avanzada —el magistrado deberá renunciar cuando cumpla 65 años, bastante antes de completar su período—, no ha impedido que se solidifique un fuerte movimiento parlamentario a su favor. De la mano de sus jefes de debate, la exparlamentaria Zulema Jattin y el magistrado Jorge Pretelt Chaljub, del PIN en pleno y un grupo liberal, Rojas se apresta a ser ungido por una mayoría significativa en el Senado (un grupo que, dicen además, sufre de cierto sentimiento de culpa por no haberlo elegido contralor a pesar de sus compromisos). Los posibles conflictos de interés tampoco han desalentado el avance del movimiento que lo acompaña.

Es infortunado que los otros dos candidatos poco puedan hacer frente a esta aplanadora. Martha Lucía Zamora, una penalista relativamente distinguida, fiscal general por breve encargo y poseedora de una larga experiencia judicial, bien merece que su hoja de vida sea considerada por el Senado (a nadie se le escapa, eso sí, que fue autora de la mayor metida de pata de la gestión del fiscal Montealegre: la falsa acusación contra Sigifredo López por secuestro y asesinato).

Como lo afirmó María Jimena Duzán, el mejor candidato de la terna es el más desconocido y el que menos chance tiene: Alejandro Linares. Su excelente hoja de vida incluye posgrados en las mejores universidades del mundo, así como una rica experiencia en el Ejecutivo y un amplio recorrido en la práctica corporativa. En épocas de gran desprestigio judicial, por los carruseles y los variados escándalos, su trayectoria no está contaminada por los vicios, mangualas y pecados de la rama. Sus conocimientos de economía, además, le harían una gran contribución a las deliberaciones de la Corte en numerosas materias a su cuidado (por otra parte, su edad, 53 años, es exactamente el promedio de los magistrados actuales). Linares, en una palabra, podría comprobar, en la práctica, que la forma de mejorar las decisiones de la Corte Constitucional es elevando las calidades de sus magistrados.

Para completar el panorama, el Gobierno, distraído en el capoteo de numerosos problemas y preso de un agudo nerviosismo preelectoral, ha declarado su neutralidad. Con su pasividad parece estar tomando partido por lo inevitable: la elección de Rojas Ríos.

 

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