Por: Patricia Lara Salive

El nuevo mejor enemigo

Ayer visité a mi vieja terapeuta: hacía seis noches que casi no dormía: el atafago del fin de año, el alboroto de la neurosis del ama de casa y la locura de este país guiado por el presidente Duque, que lo tiene a punto de que le exploten insospechadas guerras, me tenían al borde de un ataque de nervios.

Luego de llevar varios minutos en el diván, le pregunté: Cuando alguien que no puede vivir sin un enemigo se queda sin enemigo, ¿cómo reacciona?

—Puede desarrollar alguna enfermedad psicosomática o sufrir algún accidente en el carro que no tendría por qué sucederle, o algo así —, dijo ella.

—Y si la persona no maneja, ¿puede caerse de un caballo? —, le pregunté al recordar que, cuando Iván Duque llevaba 17 días como presidente electo y Juan Manuel Santos estaba a punto de dejar el poder y ya no tenía futuro como enemigo de Álvaro Uribe, éste se había caído de un caballo, se había fracturado una costilla y había recibido una incapacidad de un mes.

—¡Claro!—, exclamó mi psicoanalista. Y agregó: —pero lo más probable es que esa persona se consiga otro enemigo.

—Y si esa persona es Álvaro Uribe, ¿podría servirle como enemigo el presidente Maduro?—, le dije.

—Ese le quedaría perfecto—, exclamó mi sabia consejera.

Entonces recordé que cuando se acercaba su salida del poder, el presidente Uribe, sin decirle una palabra al presidente electo, Juan Manuel Santos, denunció a Venezuela ante la OEA y la acusó de albergar a la guerrilla colombiana, lo cual llevó a que Chávez rompiera relaciones diplomáticas con Colombia y Santos tuviera que posesionarse con semejante chicharrón entre las manos. Luego, cuando el nuevo presidente se reunió con Chávez para buscarle una solución a la crisis, y lo llamó su “nuevo mejor amigo”, Uribe se enfureció hasta tal punto que no se lo perdonó y, así, el presidente eterno encontró en él a su nuevo mejor enemigo. De manera que durante los ocho años del gobierno de Santos, Uribe tuvo la dicha de contar con dos poderosos enemigos: el nuevo presidente y las Farc.

Pero al expresidente se le fue acabando su oasis de enemigos porque, primero, a pesar de los torpedos que le puso al proceso, la paz con las Farc se firmó y se desmovilizaron cerca de 14.000 combatientes y milicianos que entregaron casi 9.000 armas que fueron fundidas por la escultora Doris Salcedo en un contramonumento llamado Fragmentos, localizado en la carrera 7ª Nº 6B-30, cuya visita les recomiendo. Y segundo, porque a pesar del pánico que sembró Uribe al insistir en que Santos les estaba entregando el país a las Farc y en que aquí iba a instalarse el castrochavismo, nada de eso ocurrió: las Farc sacaron apenas 80.000 votos y el ganador fue Iván Duque, candidato de Uribe. Y con Duque, a Uribe le queda muy mal pelear, a pesar de que esté muerto de ganas de hacerlo.

Entonces, el problema es muy grave, porque el senador Uribe, quien tiene un perseguidor adentro, necesita de un gran enemigo afuera para vivir tranquilo, porque, de lo contrario, se daría cuenta de que él es su propio enemigo.

Y a juzgar por los indicios, su incapacidad de vivir sin un enemigo puede llevar a que su pupilo, Iván Duque, le obedezca tan ciegamente que acabemos convertidos en el teatro de operaciones de una confrontación de aristas insospechadas con Venezuela.

Así que, por favor, Uribe-Duque, Maduro y sus respectivos combos, bájenles a los micrófonos y a las provocaciones, y déjennos vivir en paz.

***

¡Feliz Navidad, queridos lectores!

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

 

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