Por: Viviana Quintero Márquez

El nuevo régimen para el CTI

HACE POCOS DÍAS ALGUNOS MEdios de comunicación publicitaron que los empleados del CTI de la Fiscalía serán vinculados al sistema pensional en calidad de trabajadores de alto riesgo.

Esto significa que podrán pensionarse a los 25 años de servicio o a los 55 años de edad dentro de un sistema exceptuado o especial. ¿Qué hay en el ejercicio de este trabajo para que el proyecto de ley haya sido enviado a sanción presidencial? Hablamos con un agente de la Fiscalía.

Poco es lo que sabe la opinión pública de los empleados del Cuerpo Técnico de Investigación; unos los reconocen por sus uniformes negros y chalecos donde reza la sigla “CTI”, otros saben que van a las escenas del crimen para hacer las diligencias de inspección de los cadáveres. Pero como decía el funcionario con el que hablé, “eso no es como coger un taxi y pedirle que lo lleve a uno a la escena del crimen”; de hecho, llegar a la escena es sólo una parte de la odisea que muchos funcionarios tienen que atravesar en la realización de su tarea.

Cuando sucede un hecho violento, la Fiscalía conforma un equipo de policía judicial que administra la escena del crimen. Este equipo está conformado por tres técnicos y dos investigadores criminales. Cuando le pregunté al funcionario por las masacres, me dijo, “las masacres hacen que se duplique el equipo”. Mientras me imaginaba entonces a diez funcionarios, cargando con susceptibles y costosos aparatos de dactiloscopia, tanatocronodiagnóstico, antropología forense, odontología, cámara, vídeo y topografía, en medio de regiones húmedas, apartadas y boscosas, empecé a comprender a profundidad las experiencias vividas por este funcionario, pues precisamente la mayoría de las masacres que han sucedido en Colombia se han presentado en zonas apartadas, en corregimientos y veredas lejanos de las cabeceras municipales.

Muchas de las inspecciones que realizan los técnicos en las regiones donde ocurren masacres tienen que esperar a que salga el sol, a que deje de llover, a encontrar una ruta menos fangosa, intrincada o cerrada por un derrumbe. Decía el funcionario “que no es lo mismo moverse a los 40 años con el equipo militar que nos protege, que a los 55”.

A otras inspecciones se suma la espera de que la situación de orden público mejore, la confrontación entre dos ejércitos cese o que el Ejército nacional “limpie una zona” para que ellos puedan trabajar. Muchas veces, por haberse convertido en objetivo militar, los técnicos son atacados (incluso mientras se desplazan en helicóptero), asesinados, secuestrados y amenazados. Como decía el funcionario: “va uno a la masacre y el equipo termina masacrado también”.

En medio de la entrevista, el funcionario miraba con nostalgia las montañas que rodean la ciudad, meditando sobre el trabajo de campo, sobre el volumen de casos que en los años 90 ocasionó el proceso de la expansión paramilitar: “fue una época muy terrible, nos tocaron los paramilitares en el Urabá y Pablo Escobar, eran tantos hechos violentos que por esos tiempos era recoja y vámonos porque aquí nos matan”.

 

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