Por: Daniel Pacheco

El nuevo reloj

Aunque aún falta esperar varios años para que el TLC tenga un efecto sobre la economía, al menos ya estamos en un punto donde se pueden esperar hechos palpables para evaluar los enigmas que están enterrados en las 1.300 páginas del Tratado.

Fue acertada la metáfora del presidente: “Hoy el reloj marca una nueva hora en nuestras relaciones con EE. UU.”.

Pero las horas pueden ser largas. En Washington el paso del TLC marca el punto en el que se quemaron todos los cartuchos de la promesa colombiana.

Una y otra vez, en las plenarias del Senado y la Cámara del Congreso de EE. UU., legisladores que empujaban el acuerdo volvieron sobre el lugar ya común de los avances impresionantes del país, luego de estar al borde del fracaso.

El senador Max Baucus, que lideró el paso del Tratado por el Senado, quiso incluso robarse el crédito de esa cosa tan buena que ahora es Colombia, y sin pudor le atribuyó a EE. UU. la autoría del toque mágico que hizo que un país que “una vez fue un Estado fracasado, hoy sea un líder regional y la economía más grande de América Latina”.

En su punto más exagerado de enaltecimiento a Colombia, el representante negro Gregory Meeks comparó los avances del país con los del movimiento de libertades civiles que acabó con la segregación en EE. UU.

Pero con esa carta jugada vendrán días más duros. En la mano del Gobierno ya no quedan muchas excusas y en la mesa hay demasiadas promesas. Ante ese nivel de expectativa, el panorama es de un optimismo que no permite pensar en nubes negras, ni por el invierno, ni por la crisis económica del mundo, ni por la creciente desigualdad que genera la creación de la riqueza en el país.

¿Y si ocurre lo que hoy parece impensable? ¿Qué pasará si Colombia sigue siendo un país con un crecimiento menor en comparación con la región? ¿Qué tal si seguimos siendo increíblemente violentos, pero no tanto como antes; si seguimos siendo los máximos exportadores de drogas, pero menos que hace una década?

Hace poco el vicepresidente les pedía a los estudiantes y trabajadores que salieran a marchar sin utilizar capuchas. De un hombre que estuvo alguna vez en la clandestinidad, es un gran acto de fe de que en realidad han cambiado los tiempos.

Pero ya llevamos más de un año celebrando la actitud de pensar en grande. El Congreso se subió al tren con la aprobación de proyectos importantes, EE. UU. compró tiquete con el TLC, pero por ahora, si uno mira por la ventana, no es mucho lo que se ha avanzado.

Está bien, habrá que darles tiempo. Pero desde ahora que sepan que están trabajando contra el reloj.

 

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