Por: Mauricio Rubio

El nuevo síndrome de la Procuraduría

Una mujer le pregunta a la funcionaria qué hacer con el niño que averigua por la muerte de su madre. No quiere mentirle, pero tampoco le parece fácil contarle que la mataron.

El pequeño sabe que su madre murió pero no las circunstancias. Es que “matar es una palabra tan …”.  La funcionaria interrumpe: “debes hablarle con claridad … matar sí es el lenguaje que entienden los niños”. Recapacita y sugiere decirle que “personas por fuera de la ley se llevaron a tu mamita … parece que ya murió y que está en el cielo”. Aconseja hablar con ver-da-des. “Dios lo quiso así, y fíjate que a ella se la llevó el Señor porque la quería mucho”. Enfáticamente recomienda “inculcarles ese tipo de situaciones y valores a los niños para que ellos entiendan que la justicia divina es per-feeec-ta”.

Cualquiera hubiera apostado que la funcionaria trabaja en la Procuraduría. Pero no. Hace parte del CTI de la Fiscalía, el ente encargado de identificar a los autores de los homicidios, como el de esa madre que está en el cielo. El síndrome de atribuir al actual procurador cualquier interferencia de la religión con la función pública se extiende sin pausa. Hasta las FARC se han sumado al coro. La preocupación con el que acabó siendo el funcionario colombiano más publicitado ya tiene visos de obsesión. Sin beneficios evidentes y rozando la provocación personal, Mauricio Albarracín hizo pública en su blog de La Silla Vacía una copia de la tesis de grado de Alejandro Ordoñez -escrita hace 34 años- para, según él, denunciar esa hoja de ruta de la infiltración del Estado laico y su reemplazo por uno confesional. El consecuente aplauso de las barras ilustra lo emotiva y pendenciera que es la campaña. 

La Procuraduría no debería ser la única piedra en el zapato de los guardianes de la laicidad. La funcionaria de la Fiscalía que predica la perfección de la justicia divina tampoco es un síntoma aislado. En Septiembre del 2012, para recordarle a un juez la obligación de alejarse de sus creencias religiosas en las sentencias, la Corte Constitucional evocó en un fallo la imposibilidad de que las autoridades “adhieran o promuevan determinada religión”. Como si nada, en una foto de principios de este mes se destaca en la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia una efigie de Cristo crucificado aún más grande que la del despacho del procurador. Y en una sala de la misma Corte Constitucional todavía hay un crucifijo. Eso sí, es menos ostensible. 

Referencias y fotos

 

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