Por: Arlene B. Tickner

El ocaso del G8

Durante los últimos tres días los miembros del G8 Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, Japón y Rusia han debatido sobre la mayoría de las problemáticas globales de hoy, la economía, el medio ambiente, el cambio climático, el desarrollo, especialmente en África, y las Metas del Milenio, en particular en lo concerniente a salud, agua y educación.

Sin duda, el mundo enfrenta un conjunto de desafíos comparable con la crisis de los años 70 cuando fue creado este club de las economías más grandes que debe incentivar a sus integrantes a la acción colectiva. En un año el precio del petróleo ha aumentado más del 100%, mientras que alimentos básicos como el trigo, el maíz y el arroz han subido 55, 70 y 160%, respectivamente, causando revueltas populares y agudizando la pobreza en decenas de países.

La intensidad y frecuencia de los desastres naturales alrededor del globo han resaltado los costos humanos y materiales del cambio climático. La caída de los mercados bursátiles internacionales ha sido acompañada del desplome del mercado de vivienda, la desaceleración de los salarios y el aumento del desempleo. Y la crisis del continente africano, en donde cada día mueren 6.000 personas de VIH-Sida, 7.000 de malaria y entre 2.000 y 3.000 de tuberculosis ha llegado a niveles inadmisibles.

A pesar de ello, los obstáculos que existen para enfrentar la coyuntura actual con éxito son numerosos.  Los países del G8 aún no se sienten amenazados directamente por este conjunto de problemas, con lo cual su tendencia a la inercia es grande.  

El hecho de que los participantes de la reunión en Japón son líderes que no controlan a sus respectivos partidos o legislaturas o son impopulares con sus votantes o están terminando sus mandatos, dificulta el logro de acuerdos que transciendan el plano meramente simbólico. En el caso de los debates más trascendentales del Grupo sobre temas como cambio climático, salud, desarrollo y comercio, existe la tentación de postergar cualquier decisión hasta el año próximo, cuando Estados Unidos estrenará un nuevo presidente y Congreso.

Más importante aún, la negociación de acuerdos significativos en las temáticas señaladas no puede ocurrir sin países como China, India, Brasil, Sudáfrica y Arabia Saudita (en el caso del petróleo), cuya participación en ellas es medular. En contraste con años anteriores, los miembros del G8 ya no monopolizan el poder económico y político en el mundo.

La invitación a una docena de mandatarios por fuera del Grupo, 7 africanos para hablar del desarrollo del continente y la posibilidad de imponer sanciones a Zimbabue, y 5 de las principales economías emergentes y emisores de carbón para compartir sus puntos de vista, es diciente en este sentido. 

La creciente incapacidad de las economías más influyentes de ayer de enfrentar los problemas del mundo de hoy, sugiere la imperiosa necesidad de expandir la membresía del G8, así como la de otros clubes exclusivos como el Consejo de Seguridad de la ONU.

* Profesora titular del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

 

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