Por: Klaus Ziegler

El ojo y la teoría del Diseño Inteligente

Los defensores del Diseño Inteligente sostienen que un órgano tan complejo como el ojo no puede ser consecuencia del proceso evolutivo y requiere de la intervención directa de un creador.

El ojo es un ejemplo de lo que ellos llaman “complejidad irreducible”, para referirse a un sistema compuesto por partes que actúan en conjunto, pero que pierde su funcionalidad si falta alguna de ellas. Los partidarios de esta versión reencauchada del creacionismo afirman que el ojo no puede ser el resultado de un lento proceso de cambios graduales, simplemente porque una fracción de ojo no es un órgano funcional y no aporta ninguna ventaja evolutiva. 

Este razonamiento es falso y refleja la ignorancia que en general se tiene sobre la forma como funciona la evolución. En la historia de la vida en la tierra nunca hubo nada parecido a “medio ojo”. El ojo ha evolucionado desde primitivas zonas fotosensibles, incapaces de formar imágenes, hasta los complejos órganos que hoy conocemos. Los estadios intermedios en la evolución de este órgano pueden apreciarse en los arcaicos ojos de criaturas vivientes, testigos de una historia que lleva más de 540 millones de años.

En los comienzos el ojo pudo haber sido una pequeña mancha sensible a la luz, quizás muy parecida a las “manchas oculares” de algunos organismos unicelulares como la euglena, compuesta por diminutos fotorreceptores conectados a un flagelo que le permiten distinguir “arriba” y “abajo” y nadar hacia donde proviene la luz y es abundante el alimento.

Es probable que en el siguiente paso evolutivo haya aparecido una capa de células fotosensibles similar a la de los anélidos acuáticos actuales y a los ojos rudimentarios de algunas babosas, que  un azar afortunado invaginó en forma de copa, creando una pequeña cámara oscura capaz de localizar con precisión la fuente de luz. En el registro fósil hay organismos que datan del Cámbrico inferior que poseen ojos sin lentes; y hay fósiles con ojos similares a los de algunos moluscos vivientes, dotados de una pequeña lente primitiva, y fósiles con ojos que poseen miles de pequeñas lentes.

La existencia de “ojos intermedios” invalida el argumento creacionista de la complejidad irreducible, o pone en entredicho el buen juicio de un creador inteligente tan extravagante como para diseñar un ojo con miles de lentes redundantes, y ojos compuestos por decenas de miles de diminutos ojitos, y ojos ciegos e inútiles, como los de algunos peces que habitan en la oscuridad total de las cavernas marinas o en las profundidades abisales.

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