Por: Juan David Correa Ulloa

El olor de los hombres solos

Abraham entre bandidos se llama la novela. La escribe uno de los más prudentes y serios escritores de nuestra literatura contemporánea. Su nombre es Tomás González.

Y su trama, o sus tramas,  dejan la sensación de que, para comprender el sentido profundo de la novela, bien valdría una segunda lectura. Es tan rico el mundo que ha construido González, tan preciso en sus descripciones, historia y personajes, que creo estamos ante una cebolla a la que descubrirle el corazón no es fácil.

Se trata de una  una historia en apariencia sencilla: el secuestro de dos hombres mayores por parte de una suerte de paradigma de bandolero de La Violencia en Colombia, en los  60. El bandolero es Enrique Medina, Pavor, conocido por los amigos Abraham y Saúl, quienes lo acompañan obligados en sus correrías por el monte. Esa, quizá, sea una manera simple de ver las cosas. Simple porque al lado de esta trama hay otra que a mí me parece resume lo que es este país. Este país es un coro de familias extensas de clase media que dilapidan su platica en negocios fabulosos que jamás pelechan; de gente decente que aprendió a ser amable hasta con el horror; este país son esas señoras que, como Susana, la voz del relato paralelo, nos conducen por los meandros de una familia que crece, se reproduce y muere con dignidad.

Y al lado de esa historia está la espera y el pavor del rapto. Una interminable espera que se le mete al lector en los huesos pues lo importante no es aquello que va a pasar, sino cómo pasa. González es muy hábil con el lenguaje, con el habla de sus personajes y es capaz de encajar situaciones de diversas épocas que, a la manera de Faulkner, se traducen en una música, en un perfil, en una manera de ser.

En Abraham entre bandidos está contenida una época y un destino. El de la vida de ese puñado de personajes memorables. Memorables digo, porque aunque se crea que el autor los saca a bailar y jamás los pone a dar vueltas, son la entraña de una historia que es también la de este país. Una que comenzó con la colonización, pasó por las guerras civiles, formó guerrillas liberales en los 50 y 60; inauguró el contrabando y el narcotráfico en los 70 y 80 y terminó por gobernarnos. Esos personajes, todos, están en Abraham entre bandidos: a veces en una frase, a veces ni siquiera en eso, son fantasmas que recorren la novela de principio a fin.

‘Abraham entre bandidos’, Tomás González, Alfaguara.

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