Por: Jaime Arocha

El ombligo que hermana gente negra y su tierra

EL 21 DE ABRIL, EL ESPECTADOR publicó “La guerra en el Cauca vista desde los ojos de Francia (Márquez Mina)”.

El escrito se basó en una carta que la dirigente escribió sobre el drama de su propio desplazamiento forzado desde Buenos Aires (Cauca). Alertó que las principales víctimas de la reanudación de los bombardeos serían los miembros de esas comunidades de por sí sometidas a las crisis que acarrea la minería ilegal e inconstitucional del oro. Cinco días después, por el correo electrónico, comenzó a circular un comunicado de la organización de la cual esa dirigente forma parte, “Movilización Mujeres Afrodescendientes por el Cuidado de la Vida y los Territorios Ancestrales”. En él instan a levantar las negociaciones entre ese colectivo y el Gobierno Nacional por la forma como éste ha incumplido lo convenido con ellas una vez terminó en Bogotá la toma pacífica de la casa de La Giralda del Ministerio del Interior.

Se quejan de que las traten “como mendigas” y de que “sólo valemos muertas”. Objetan que el Gobierno Nacional haga “de la paz un discurso”, pero se olvide de que “no hay paz si no es capaz de cuidar de la vida, si no pone la vida de todos los seres por encima de los intereses transnacionales”... Intereses para los cuales “entre menos vidas nuestras”... más altas las cotizaciones “en las bolsas de valores, mayores las ganancias para los muy poquitos de aquí y los muy poquitos afuera...”.

Levantan la voz porque las retroexcavadoras no sólo siguen en Buenos Aires, sino que ya se pasaron a la cuenca del río Guachené. Además objetan que el Gobierno se niegue a derogar los títulos mineros que concedió sin que hubieran tenido lugar las consultas previas, libres e informadas que requiere el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. Protestan porque el Ejecutivo persiste en argumentar que carece de fondos para hacer las reparaciones que la Corte Constitucional le exigió mediante el Auto 005 de 2009, sobre los derechos de la población afrodescendiente víctima del desplazamiento forzado.

Del mismo modo se lamentan por el incumplimiento del Plan de Acción Integral que firmó el Gobierno. Así, parecería que ellas no tienen otra alternativa que la de bañarse, cocinar y lavar ropa con las aguas que contaminan el mercurio y el cianuro que los mineros usan para quitarle al oro sus impurezas. Sin embargo, los mismos funcionarios que les dicen que ellas inventan las amenazas de las cuales se quejan van “a Estados Unidos a hablar en el marco de la Década de los Afrodescendientes de hacer una campaña contra el racismo en Colombia”. De ahí que se pregunten si “¿acaso no es racismo la desatención institucional del Estado frente a la violación sistemática de nuestros derechos como comunidades negras?”.

De esta doble moral también ha tomado nota Conafro, la Coordinación Nacional de Pueblos Afrodescendientes. Manifiestan que si bien los han invitado a los foros para nutrir las conversaciones de La Habana, siguen invisibilizados “en los acuerdos hasta ahora alcanzados… como si no fuera en nuestras tierras donde… La guerra se ha profundizado con el espantoso mapa de desplazados afros”. Contra su voluntad, Francia quedó dentro de ese conglomerado infame. De ahí que las de su organización protesten porque les robaron “las posibilidades de continuar viviendo donde nos enterraron el ombligo”.

 

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