En vivo: La justicia transicional a dos años del Acuerdo con las Farc

hace 38 mins
Por: Andrés Hoyos

El oro de Pekín

LAS RESERVAS INTERNACIONALES de China han llegado a la astronómica cifra de tres billones de dólares, equivalentes a diez veces el PIB colombiano o a siete veces la capitalización de mercado de ExxonMobil, la compañía privada más grandel mundo.

Según esto, los chinos podrían comprar sin despeinarse muchas de las joyas de la corona del capitalismo occidental: lo que pasa es que no se las venden, como se demostró con el intento relativamente modesto de comprar la petrolera americana Unocal en 2005.


Las razones para no permitir que China controle estas compañías son claras: por poderosa que parezca una multinacional, es un pigmeo en comparación con un Estado como el chino que agrupa a más de 1.300 millones de personas, que tiene un régimen autocrático misterioso y arbitrario en sus procedimientos y que no se somete a ningún control que no sea el propio. China, claro, ha ido comprando compañías, tierras, minas, pozos y demás activos en los países en desarrollo, donde a su dinero no le hacen el feo, y le queda el tremendo poder de manipular el valor de las monedas a voluntad, según compre o venda una determinada divisa.


Sin embargo, el oro de Pekín lleva años ejerciendo una influencia mucho más decisiva en otra esfera. Piénsese en la crónica de Jon Lee Anderson que en días pasados traducía este periódico sobre el exterminio de los Tigres tamiles y la muerte de su temible cabecilla Velupillai Prabhakaran. Pues bien, allí queda claro que este resonante triunfo del autoritario y ultranacionalista Mahinda Rajapaksa hubiera sido imposible sin el oro de Pekín, que le permitió al gobierno de Sri Lanka armarse y financiar la guerra sin atender a ningún llamado de moderación. A medio mundo de distancia Muamar Gadafi, rechazado de forma masiva por su pueblo, ha estado demostrando una sorprendente fortaleza y se ha mantenido abastecido de armas y de tropas mercenarias, pese a la condena de la ONU y a los ataques de la OTAN. Pues bien, no hay que hurgar demasiado para entender que las piezas claves del proceso han sido el oro y las gestiones de Pekín. De otro lado, la influencia china es muy fuerte y extensa en el resto de África y sigue siendo crucial en el sostenimiento del régimen tenebroso de Corea del Norte.


Más cerca de nosotros el acercamiento de China y Venezuela es notorio y se selló con un crédito blando de veinte mil millones de dólares. Evo Morales ha estado asimismo activo realizando toda suerte de acercamientos con China para la explotación de las minas de litio.


No cabe duda de que los acuerdos, las inversiones y las ayudas de China pueden tener efectos benéficos para los países receptores; en lo que no cabe equivocarse es en que sean políticamente neutros. Al contrario, China aparece reforzando regímenes que se parecen al propio. Ironías de la vida, cuando Occidente, y en particular Estados Unidos, parecían por fin estar abandonando a medias el apoyo descarado que prestaron durante décadas a aquellos h.p. que, según la definición de F. D. Roosevelt, tenían la ventaja de ser “propios”, surge una potencia que no le hace el asco a nada.


Yo iría más lejos. El ejemplo de China sumado al oro de Pekín son la mayor amenaza para la vigencia de la democracia en el mundo en estos albores del siglo XXI. Vivir para ver: tanto y tan mal se hablaba del imperialismo norteamericano para que ahora, si China sigue como va, lo vayamos a echar de menos en el futuro.


andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes


 

 

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