Por: Rodrigo Lara

El oro sin apasionamiento

Tenía razón el ministro de Minas y Energía, Carlos Rodado, cuando afirmó hace una año que Colombia no estaba viviendo un boom minero.

Según el informe de reforma al sector de la minería que presentó Rodado en agosto de este año, de las diez grandes mineras de oro en el mundo, apenas dos de ellas, Anglogold Ashanti y Barricks, presentan actividades de exploración en nuestro territorio. Ninguna está en fase de explotación.Esta realidad contrasta con el potencial minero del país. Según el Instituto Fraser, un reconocido think tank canadiense, Colombia es uno de los cuatro países del mundo con mayor potencial minero. De acuerdo con el informe presentado por el Ministerio, este contraste entre el potencial y la realidad se explica por las debilidades institucionales y la poca agresividad del país para atraer a las grandes empresas del mundo. La minería del oro en Colombia se compone hoy de dos realidades. Primero, han llegado pequeñas empresas mineras extranjeras que compran valiosos activos a precio de huevo, a plazo y con la cédula. Una vez firman un contrato de compraventa de un activo minero interesante, con el solo título se levantan con inversionistas entre US$5 y 10 millones que invierten en exploración. Cumplida esta fase y satisfechas las expectativas de reservas, se enlistan en la bolsa de Toronto para capitalizar millones de dólares y terminar de pagar el título minero. Agotada la fase de riesgo, venden la mina a una de las grandes empresas del mundo por centenares de millones de dólares. Un negocio redondo. Por otro lado, en muchas regiones del país se vive una fiebre del oro de minería informal, como ocurrió en California o en Australia en el siglo XIX. En el bajo Cauca o en muchas regiones del país cualquiera puede volverse minero. En áreas como el río Porce o en áreas aluviales o semialuviales del Pacífico, basta con una batea o una retroexcavadora para extraer oro. Con un precio que se acerca a los US$2000 la onza, los esfuerzos de represión para impedir que hordas de colombianos en la pobreza busquen el sueño dorado, tienen pocas posibilidades de éxito.

El oro no es coca. Su comercio es lícito. Es impresionante observar antiguas zonas cocaleras hoy convertidas en zonas de minería informal, como la zona rural del municipio de Puerto Libertador en Córdoba.Esta minería informal es la que utiliza mercurio para extraer el oro. La gran minería, la que existe en Canadá o en Australia, se rige por estrictas prácticas ambientales a las que está sujeta su respetabilidad bursátil. Sin apasionamiento, en lugar de condenar ciegamente la minería, deberíamos pensar en importar las buenas prácticas mineras que rigen estos países. Es necesario encontrarle fórmulas empresariales y de asociatividad a la minería informal. Los informales son empresarios independientes pero informales, como el 60% de la población activa del país. La fórmula exitosa está en asociarlos y exigirles buenas prácticas mineras y en defenderlos de la extorsión de los grupos ilegales. La sola represión es injusta y tiene vocación al fracaso.

 

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