Por: Mario Morales

El país de las maravillas

ALGÚN DÍA APRENDEREMOS. ENtonces los periodistas dejaremos de creer que “la prueba reina” luego de un operativo es un cadáver (mejor en primer plano), o una cédula (ojalá antigua), o unos apellidos (que rimen) o declaraciones en caliente (más efectivas si son en exclusiva o en primicia).

Las lecciones son numerosas. Como el anuncio, hace poco, de la muerte del ya tristemente famoso Carlos Julio Ávila, alias Marrano, señalado de ser el autor de la muerte de tres indigenistas norteamericanos en 1999.

La prueba: un par de cédulas y un apellido coincidente. Al revisar, las autoridades descubrieron que el guerrillero abatido era Javier Cárdenas, alias Saúl.

El mismo alias Marrano, ya había sido confundido hace cuatro años con Nelson Vargas Rueda, quien fue extraditado a Estados Unidos y tuvo que ser devuelto al país tras el “pequeño error”.

En el operativo de la muerte de alias Raúl Reyes, se creyó que el otro cadáver traído desde Ecuador era el de alias Julián Conrado, brazo derecho del primero; se trataba del ecuatoriano Franklin Aizalla.

Dos semanas después, el ministro ecuatoriano Larrea fue confundido en una foto en la que el dirigente comunista argentino Echegaray conversaba con alias Raúl Reyes.

También por cédula y parecido fue identificado como Miguel Ángel Mejía Múnera, el narco dado de baja hace quince días; pero era su hermano mellizo Víctor.

Claro, la responsabilidad no es sólo nuestra, enfaticemos. Pero tenemos que repasar para no repetir este semestre plagado de rojos o gaffes, como en francés les dicen a las metidas de pata, por culpa de la premura, de confianza ciega o de ingenuidad.

Estamos de afán, pero no sólo con errores la letra entra.

http://www.mariomorales.info/

 

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