El país de las maravillas

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Hace muchos años, en una de sus tantas exhibiciones, el cómico estadounidense George Carlin dijo: “El sueño americano existe, pero debes estar dormido para poder vivirlo”. Con esto Carlin hablaba de todas las grandes mentiras que aglutinan la sociedad estadounidense. La gran nación americana que tenemos en nuestro imaginario es solo discurso, porque en reverso, observando la realidad, solo vemos lo contrario a lo que han predicado todos los patriarcas y todos líderes actuales de la nación. Muchos se han sorprendido por la espantosa crueldad que representó la muerte de George Floyd. Pero ese episodio no fue más que esa América en reverso que permaneció oculta durante algunas décadas y que, con la actual presidencia de Donald Trump, está saliendo del clóset para imponer su ideología y visión del mundo.

Los Estados Unidos fueron fundados por algunos patriarcas que se juntaron para reclamar la independencia del país. Todos eran terratenientes, burgueses y adinerados. Todos creían en la democracia y en el poder del pueblo, todos querían la libertad, el derecho a perseguir la felicidad y la igualdad entre todos los ciudadanos; pero irónicamente, el derecho al voto solo lo tenían los que pertenecían a su misma clase social. Desde esa historia fundacional, se puede vislumbrar cómo los Estados Unidos están sostenidos por una gran mentira: aunque el discurso nacional proclama ciertos valores, por otro lado, se actúa de forma totalmente contraria a lo que esos valores predican.

En los Estados Unidos podemos ver esta enorme contradicción en lo grande y en lo pequeño. Cuando se trata de la guerra, los estadounidenses siempre se pintan como los grandes redentores de los pueblos, como los que llevan la democracia por doquier, cumpliendo así con su destino manifiesto. Ellos, en efecto, no declaran estar en guerra con X o Y país, sino declaran están en guerra contra los gobiernos antidemocráticos, de la misma manera en la que declaran estar en guerra “contra las drogas” o “contra el racismo”. ¿Pero qué pasa cuando las bases militares se establecen en otros países, muchos, según ellos, terroristas? Ataques terroristas por doquier y crueles iniciativas de ataques con drones que no solo deshumanizan a las víctimas sino también a los propios soldados, que detrás de cámara están jugando a la guerra como si se tratara de un videojuego.

¿Y qué decir del racismo? El país de la igualdad, la libertad y la búsqueda de la felicidad empezó siendo un país que durante años tuvo a la raza negra bajo el yugo de la esclavitud, soportando los tratos más crueles y aterradores. Lo más curioso es que cuando uno habla con un nativo del país, este se indigna ante palabras como “negro”, consideradas racistas, políticamente incorrectas. Pero cuando un policía asesina a un negro ahogándolo con su rodilla, se escandalizan por los desastres de las protestas y las intrusiones a la propiedad privada.

Porque ese es el otro tema: la vida y la dignidad humana ante todo, reza el postulado. Pero en situaciones como esta podemos darnos cuenta que la vida humana no vale nada al lado de lo que para ellos valen la propiedad y las libertades individuales. Protestan contra el uso de tapabocas pero tienen un sistema de salud deplorable, incluso peor que el nuestro. El servicio que debería estar diseñado para garantizar un derecho fundamental, es solo para quien tiene el poder de costearlo, al igual que muchas otras cosas. El único verdadero valor de la sociedad estadounidense es entonces el consumo y los únicos que realmente importan son aquellos que tienen el dinero para poder consumir.

¿Pero qué criticamos? Aquí estamos igual o peor, porque tristemente somos un país de imitadores que desde épocas inmemorables tenemos a los Estados Unidos en un pedestal. Lo tomamos como modelo, desde la forma en la que vivimos nuestra vida diaria hasta en las creencias más elevadas que predicamos. Sin embargo, es hora de que despertemos también aquí. El sueño americano no es posible en los Estados Unidos, menos lo va a ser en este país abandonado, donde también somos expertos en mentirnos a diario.

@valentinacocci4 valentinacr424@gmail.com

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