Por: Mario Fernando Prado

El país del show-fan

AQUÍ NADIE SE SALVA. TODOS A SU manera son vedettes y chuparruedas de la fama mediática que conceden los medios y, como ciertas divas, se lucen con sus apariciones mas que con sus planteamientos. Ahora lo importante es tener visibilidad. Entre más te ven y más te oyen, más importante eres.

La esclavitud del “top of mind” —cual papeles higiénicos, gaseosas o desodorantes— ha creado un nuevo espécimen de colombiano (a) pendiente de exhibirse y de mostrarse como antesala para aspirar o para no perder vigencia. Así se digan babosadas o no se diga nada, la presencialidad es el máster de la vitrina.

Si no apareces en los medios, no existes. Si no te reconocen, no eres nadie. Si no te mencionan, estás muerto (a). Oportunismo y lagartería van de la mano en un amacice perverso que ha desdibujado la verdadera importancia, sucumbiéndose ante lo fatuo y lo trivial.

Por ello es tan definitivo el show que todos hacen: Hacen show el Contralor y el Contador. Hacen show el para y el narco. Lo hacen el Presidente y el Cardenal, tanto como la reina, el senador y el concejal. Todos con su libreto maxfactorizado buscan titulares y posan para el flash de la popularidad.

Nos pasamos la vida de show en show del cual somos su verdugo. Hacen show el general, el informante y el falso positivo y, cómo no el sicario, el candidato, el candidazo y el candidote. Y ni qué decir del corrupto, el recto, el columnista y el bandidazo.

Y lo peor es que quienes hacen estos shows o se los automontan —o se los montan— hacen aún mas perversas sus actuaciones y así como hay lobbistas y demás especímenes afines, hay ahora los showcistas, auténticos pe-haches-dés en manejo de imagen, de aquellos que dicen saber dónde ponen las garzas y ubican a sus asesorados en esos cálidos nidos.

Vivimos en el país de los shows, ciencia ficción que nos virtualizó los valores y las esperanzas. Vivimos engañados por unos prestidigitadores del gesto. Por unos malabaristas de las palabras. Por unos hacedores de frases huecas con cabellos largos e ideas cortas. Y como un show mata otro show, jamás podemos llegar a la verdad verdadera ni mucho menos a la real realidad…

 

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