Por: Óscar Sevillano

El país más corrupto

Puede que no sea tan cierto eso de que Colombia sea el país más corrupto del mundo, al fin de cuentas, la medición que hizo la revista U.S. News corresponde a la percepción de un grupo de más de 20.000 personas en 73 países, pero en todo caso sí resulta vergonzoso que el nombre de nuestro territorio sea recordado en otros lugares por este asunto.

La corrupción es un problema que existe en todos los países del mundo, por eso el compromiso para combatir esta práctica mal sana debe ser global y Colombia no puede ser ajena, porque este fenómeno es uno de los factores que ha provocado el descontento en la ciudadanía que hoy ha decidido salir a las calles a manifestarse en su contra.

No es para menos, los casos denunciados por los medios de comunicación son tantos, que nos podemos gastar muchas ediciones tratando de recordarlos y con toda seguridad encontraremos que en cada uno existen altísimos grados de impunidad.

Si la justicia en nuestro país actuara con total contundencia en los casos de corrupción denunciados, estoy seguro de que el descontento ciudadano por causa de este fenómeno sería mucho menor.

Si hacemos el recuento histórico de la corrupción en los más altos niveles en Colombia tendríamos que recordar que este asunto ha pasado desde la penetración del narcotráfico en una campaña presidencial (Ernesto Samper); la compra de una congresista para que se apruebe la reelección presidencial (Álvaro Uribe); la elección de un 35 % del Congreso de la República con el apoyo del paramilitarismo; el ofrecimiento de dineros de una multinacional en las campañas presidenciales de Óscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos (Odebrecht); la compra de magistrados en la Corte Suprema de Justicia y las denuncias de clientelismo para la reelección de un procurador (Alejandro Ordóñez); las coimas en los contratos que favorecieron al entonces alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, y a su hermano Iván Moreno (Carrusel de la Contratación), etc.

De los anteriores casos, no todos se han investigado y se han judicializado. Ni siquiera en el 50 %. Esto es lo que hace que la impunidad reine y de paso haga recordar a nuestro país como uno de los más corruptos.

Puede que Colombia no sea el país donde más actos de corrupción suceden, pero sí es de los que más altos niveles de impunidad tiene, porque el sistema político administrativo está diseñado para que entre los más altos niveles se protejan el uno con el otro y de paso cada quien cuide de los suyos. De esta manera, si un congresista es investigado por la Corte Suprema de Justicia –su juez natural–,  el o los magistrados que lo pueden condenar corren el riesgo de ser investigados por la Comisión de Investigación en la Cámara de Representantes, célula del Congreso que actúa como juez natural del máximo tribunal de la justicia. 

Así también, vemos que el Consejo Nacional Electoral, donde los magistrados que lo integran representan a los diferentes partidos políticos en Colombia, cuando investigan a un político de determinado grupo político al que pertenece uno de sus colegas, prefieren dejarlo quieto porque siempre va a existir el temor de que sus compañeros investigarán y sancionarán también a los políticos de su casa política. Como quien dice: “tú me dejas quieto a los míos y yo no molesto a los tuyos”.

Como se comprenderá, así no se puede. Es muy difícil luchar contra la corrupción si el sistema judicial en Colombia sigue diseñado para que entre los más altos niveles políticos y administrativos se protejan el uno con el otro.  Mientras sigamos así, aunque no nos guste, desde afuera vamos a continuar con la fama de ser un país de gente corrupta.

@sevillanoscar

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